Virrey Francisco de Toledo

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Virrey Francisco de Toledo

Por: Milagros del Carmen Rodríguez Rojas.


Cuando Toledo arribó a nuestras costas en el año de 1569, llegó con una retahíla de instrucciones reales que cumpliría tenazmente, éstas abarcaban amplios sectores del aparato colonial que buscaron establecer claras reglas de juego para los funcionarios españoles e hijos, así como de manera especial normar la vida de los indios. Una vez instalado en Lima puso en marcha su gestión, se mostró sumamente interesado en solucionar el “problema de Vilcabamba”. Habían transcurrido décadas desde que se instauró ese pequeño estado neoinca, al margen del poder de la corona. Los predecesores de Toledo optaron por una solución pacífica, con lo cual García de Castro por ejemplo, funcionario de la Real Audiencia que gobernó el Virreinato luego de la muerte del Conde de Nieva, mantuvo correspondencia con Titu Cusi, el inca reinante, sin embargo Toledo consideró que la solución diplomática no llegaría a buen puerto, por lo que luego de algunos intentos de negociación con el inca (los cuales se vieron frustrados) éste finalmente decidió ir a las armas. Pero de momento, no resultaba fácil o conveniente hacer la guerra, necesitaba primero un pretexto que legitimara su resolución frente a la Corona y el Consejo de Indias, luego que el rey había dado mucha cabida a las denuncias de Bartolomé de las Casas, el mismo que defendía la autoridad suprema de los incas y el derecho indiscutible de sus descendientes, como verdaderos señores de las tierras conquistadas y declaraba la injusticia y explotación en el trato a los indígenas. El Virrey se lanzó a la búsqueda de razones que sustenten el ataque a los incas, haciendo gala de mucha astucia, encontró las razones en la impugnación de los argumentos de De las Casas, utilizando un discurso histórico y biologista para sus fines. Toledo se rodeó de juristas, teólogos,”historiadores”entre los que estaban: Pedro Sarmiento de Gamboa, Juan de Matienzo, García de Toledo etc. La impugnación se dispuso de la siguiente manera: Según el dominico García de Castro, “(…)los incas eran tiranos, a su vez conquistadores recientes, pues su imperio no había existido más de 80 años, que habían privado a sus súbditos de tierra y libertad, exigiéndoles tributo y servicios como si fuesen esclavos(…)”.(Brading1991:161) Por su parte Matienzo afirmaba que la aparición del apóstol Santiago y de la Virgen María en el asedio del Cuzco, eran evidencias del apoyo celestial a la causa española, así como de la muerte de la mayoría de los primeros colonos, a consecuencia de las guerras civiles, en castigo por los excesos cometidos contra los nativos, con lo cual la “colonia española” quedaba respaldada como fruto de la voluntad divina. Sin embargo el golpe de gracia más contundente lo daría Pedro Sarmiento de Gamboa, con su obra: Historia Indica(1572), la cual presentaría una visión bastante turbia y difamante acerca de la administración inca y sus gobernantes, haciendo hincapié en su espíritu bélico y tiránico sobre los gobiernos provincianos, acompañado de las prácticas, consideradas nefastas que incluían sacrificios humanos. Gamboa obtuvo información de los señores locales que se vieron “sometidos” durante el gobierno incaico, de allí que estos testimonios se tradujeran en versiones un tanto duras, que obviaron los logros efectivos de dicho gobierno, situación ventajosa por la que se llegó a la conclusión que los incas no eran señores legítimos de estas tierras. Afianzada la argumentación histórica, se dispuso en segundo lugar la investigación biológica, es decir, del carácter innato de los indígenas, su predisposición natural hacia el servilismo y de la necesidad se superiores que les manden a trabajar, esta explicación fue sustentada por el jurista Juan de Matienzo, revelando así una influencia griega aristotélica, aquella que nos habla de dos tipos generales de gente, los que han nacido para mandar( los ciudadanos) y los que han nacido para ser mandados( los esclavo, las mujeres) ,en el contexto esclavista de la Grecia Antigua, pero esta vez acomodado en un tiempo histórico diferente. Luego de la elaboración de su obra, Toledo “persuadió” a los señores de las comunidades étnicas cuzqueñas, emparentados e identificados con el pasado incaico, a avalar firmando dicho escrito, en el que se les desposeía, se les quitaba su identidad, su pasado, una muestra de agresión muy fuerte. Listas las razones de intervenir bélicamente Vilcabamba así como de establecer la necesidad de implantar el trabajo forzado a los indígenas, es que Toledo dispondrá la liquidación de Túpac Amaru I (hecho que será propicio tras la muerte de un funcionario público muy respetado en manos de los “incas”). Una vez extinto el último foco de resistencia inca, estará preparado para consumar su objetivo primario: recaudar fondos para la Corona reactivando la economía, que por falta de manos trabajadoras se había detenido.

Organización de la mano de obra

Muerte de Tupac Amaru I

Toledo será el responsable de la organización de los pueblos indígenas así como de la canalización de la mano de obra disponible, por ello se le recuerda como el más importante organizador del sistema colonial. Recordemos que luego de múltiples vacilaciones anteriores, con Toledo se logrará el establecimiento definitivo de los indios en las reducciones, para su mayor control. Ellos debían permanecer en pueblos acondicionados, lo que, los hacía accesibles y les daba ese toque de civilización del que supuestamente carecían, para este propósito impulsó las famosas Visitas, según las que se escogerían los lugares para las reducciones, se realizarían censos a fin de conocer con cuantos tributarios contaba la corona y constituir la tasación correspondiente. Pero las reducciones también fueron motivadas por causas religiosas, siendo la conversión una verdadera motriz para el virrey, era necesaria, ya que los clérigos accederían más fácilmente a un número considerable de indios, en vez de hallarlos dispersados por los valles y chacras recónditos, de esta forma lucharían implacablemente contra la idolatría subsistente. Por los años previos a la llegada del virrey, la producción minera se había estancado, cada vez era menor el número de indios que por estímulo propio accedían a emplearse en las minas. Habían transcurrido algunos años desde aquel casi divino hallazgo del Cerro Rico de Potosí, la necesidad de la metrópoli, por más recursos que sustenten sus guerras en Europa, hizo prioritario el tema de la organización del trabajo en las minas. En 1570 se llevó a cabo una reunión entre el virrey, el arzobispo Loayza, el presidente de la Real audiencia de Lima, licenciado Castro entre otras personalidades, a fin de discutir la viabilidad de la institucionalización del trabajo forzado. En dicha reunión se decretó que efectivamente los indios eran libres, pero dadas las circunstancias, el trabajo forzado era necesario ya que garantizaba el bienestar común así como la vigencia y mantenimiento del sistema colonial mismo. El virrey frente al consenso llegado, pese a su preocupación por la protección de los indios, demostrado en su espíritu crítico frente a los encomenderos y los curacas, así como del reconocimiento de la barbarie ocasionada por Pizarro y sus hombres, no tuvo otra opción que implementar el trabajo mitayo. Toledo dado su afán por la legalidad, en varias oportunidades apeló a la Historia a fin de dotar de legitimidad a sus gestiones en el Nuevo Mundo, por ello de la misma manera que desacreditó a los incas , a fin de sofocar la resistencia de Vilcabamba, también se propuso hacer lo mismo en cuanto al tema del trabajo forzado que, como ya hemos visto fue sustentado con argumentos biologistas de la naturaleza indolente del indio, en este aspecto, Polo de Ondegardo, notable encomendero y dueño de minas, sumado a las premisas de Matienzo, defendió la viabilidad de la mita, la cual dijo, había sido creada en tiempos incaicos y cumplida a cabalidad, dando así una especie de continuidad a las prácticas ancestrales de los nativos, que únicamente estaban siendo reproducidas por los españoles, además se dijo que si los indios cumplían con su faena en beneficio del inca tirano, con mas razón la ejecutarían gustosos a su rey cristiano, noble y legítimo. Un año después, luego de informes de numerosas muertes en las minas, los clérigos vacilaran de seguir apoyando la mita, arguyendo que los indios debían ser enviados a ocuparse por su propia voluntad y no por la imposición del virrey. En lo referente al funcionamiento de la mita minera, para ésta se hizo necesario el traslado de indios, con sus familias y respectivos bienes, desde sus comunidades de origen que en muchos casos excedieron los 500 Km., hacia las minas, así también Toledo dispuso que los trabajadores debían ocuparse por un salario a cambio, y que, el turno sería de lunes a sábado, por una semana de trabajo descansarían dos semanas, lo que equivalía a que anualmente laboren cuatro meses. Todas estas disposiciones administrativo-productivas aumentadas al uso de nuevas técnicas para la refinación de la plata (el azogue, obtenido de las minas de Huancavelica), llevaron a que la producción aumente en más de un quinientos por ciento, con lo que el rey Felipe II estuvo muy complacido, y el virrey daba muestras de su efectividad en el cargo. Como he expuesto en líneas anteriores, Toledo fue un hábil funcionario real que pese a las hostilidades con el Consejo de Indias y la Iglesia,(a esta última pretendió someter bajo el patronato real) supo defender sus decisiones dentro gobierno colonial, con lo que dejó expuesta su fidelidad al rey, del mismo modo fue muy abnegado en cuanto a la legalidad de los procedimientos, a ello se debe que tras su relevo en el gobierno, dejara un caudal de leyes tan estructuradas y tan compactas que sus sucesores no encontraron otra vía mejor que respetarlas, con lo que, el sistema de la mita, existirá hasta el siglo XIX. Siguiendo con mi análisis de la realidad colonial en tiempos toledanos, proseguiré con una breve descripción de la relaciones entre el Virrey y ciertos funcionarios, entre ellos los curacas quienes a partir de lo decretado por el mismo, serían los responsables del cobro de los tributos del contacto directo con los indios, de esta manera seguían representando un puente de contacto, intermediarios que sirven a la monarquía. También nombró corregidores, de entre su círculo de colaboradores cercanos, lo que videncia una vez mas el estado patrimonialista de la época y les dará mayor poder de actuación, así con el tiempo reemplazarán el poder de los encomenderos, en beneficio del fortalecimiento de la potestad real, pero con los años se convertirán en los nuevos explotadores del indio. Sobre el tema de las encomiendas Toledo aconsejará al rey, inspirándose en las resoluciones del conde de Nieva, en ceder solo algunas encomiendas a perpetuidad, las demás debían volver a la corona tras la muerte del encomendero o se darían por una o dos generaciones más. Hay que recalcar la labor el particular interés de Toledo de menoscabar el poder encomendero, seguramente a fin de impedir que estos obtengan un poder local que amenace la metrópoli como sucediese años antes. El tema de las encomiendas nunca sería resuelto, así en 1592, Felipe II suspendería toda polémica sobre dicho asunto. Termino este ensayo, diciendo que opté por hacerlo mas descriptivo, a fin de evitar que mis sensibilidades interfieran en la objetividad del reconocimiento de la labor del Virrey Toledo, como buen estratega y hábil funcionario, además de bastante ambicioso (luego de su labor, quintuplicó su fortuna) e inflexible.

Referencias

  • Brading, David: Orbe Indiano. México: Fondo de Cultura Económica.
  • Hemming, Jhon: La conquista de los incas. México: Fondo de Cultura Económica. Año: 2000.