Señor de los Milagros

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Multitudinaria procesión del Señor de los Milagros

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La procesión

La procesión del Señor de los Milagros recorre todos los años las calles de Lima cercado durante las dos últimas semanas de octubre. En honor a él las calles se visten de morado y grandes pancartas aluden a solicitudes de bendición por parte suya; espectáculos criollos y potajes deliciosos completan la fiesta de fe y peruanidad; y es que la procesión del Señor de los Milagros es, sin duda alguna, una fiesta limeña y peruana por excelencia.

Otras denominaciones del Señor de los Milagros

Cristo Moreno o Cristo de Pachacamilla.

Antecedentes sobre el lugar de su Fundación

El Cristo Moreno fue pintado en el barrio de esclavos de Pachacamilla, en el corazón del Rímac. Esta misma zona antes había sido ocupada por los Incas, quienes habían levantado un importante Oráculo, el Oráculo de Pachacamilla. Posteriormente sobre esta zona se ejerció control español, para evitar cualquier sublevación de los esclavos negros e indios.

Por lo expuesto, Pachacamilla era una zona altamente espiritual. Si bien los esclavos angolas pintaron la imagen, lo hicieron en parte para que los españoles disminuyeran el control que ejercían sobre ellos, de manera que ellos, los esclavos, pudieran disfrutar un poco más libremente los cultos a sus dioses tutelares.

Procesión

Historia del Señor de los Milagros

Como bien se sabe, el Cristo Moreno fue pintado por un esclavo angola anónimo en 1650, en uno de los muros de adobe del barrio de Pachacamilla. Esta imagen causó gran impresión en el mundo católico, pero no fue hasta el 13 de noviembre de 1655, cuando ocurrió el terremoto que destruyó gran parte de Lima y Callao, que realmente empezó a ser considerada como milagrosa. Sí, milagrosa; todo Lima quedó destruida, las casas de Pachacamilla, en su mayoría de adobe, cayeron sin oponer resistencia, excepto el muro en el que estaba pintada la imagen, el cual no sufrió el más mínimo rasguño ni resquebrajamiento.

Debido a los daños ocurridos, los angola abandonaron Pachacamilla y dejaron el muro completamente abandonado. 15 años después del terremoto, un vecino de la parroquia de San Sebastián, un hombre llamado Andrés de León, se fijó en el muro, sintió la energía que trasmitía y empezó a venerarlo. Según relatos de la época, este hombre fue el primero en arreglar una ermita para la imagen, haciendo con ello que nazca la fe hacia el Cristo Moreno.

El primer milagro del Cristo, según cuenta la tradición, fue concedido a Andrés de León. Este padecía de constantes dolores de cabeza debido a un tumor maligno que los médicos le habían dicho era incurable. Fue entonces que, estando el hombre de hinojos frente a la imagen, sucedió el milagro y todo malestar desapareció. A partir de ahí el mito crecería y el culto empezó a crecer.

Los principales devotos de entonces eran los negros y mulatos. Alumbrados con velas, se reunían los viernes en la noche para decorar el altar con flores, perfumar el ambiente con sahumerios y alzar cánticos y plegarias al son de arpas, cajones y vihuelas.

El Cristo de Pachacamilla empezó a llamar la atención de todo Lima. Gente que no tenía fe en la imagen pero que estaba seducida por la curiosidad acudía al muro, y muchas veces se originaban trifulcas y conflictos. Por tal motivo, las autoridades civiles y eclesiásticas prohibieron las reuniones en esta zona y ordenaron borrar la imagen del Cristo y de los demás santos que hubiera.

La orden fue acatada entre el 6 y 13 de setiembre de 1671, pero no tuvo éxito. La comitiva que se aseguraría de su cumplimiento estaba conformada por el promotor fiscal del Arzobispado, un notario, un indio pintor de “brocha gorda” y el capitán de la guardia del Virrey, además de dos soldados de respaldo. Según cuenta la historia, cuando el pintor subió la escalera para cumplir su labor, empezó a sentir temblores y escalofríos, teniendo que ser atendido de inmediato. Al reaccionar volvió a intentarlo, pero el susto que recibió fue tal que salió huyendo del lugar.

Imagen Original venerada en la Iglesia de las Nazarenas, Lima Cercado

Uno de los soldados que ahí estaba subió a cumplir la orden, pero tampoco pudo: dijo que la imagen le creó una alucinación de belleza que le impidió realizar el cometido. No se podía borrar.

Las personas empezaron a manifestar su disgusto por la medida tomada, de manera que la orden fue frustrada de momento. Posteriormente, al enterarse de lo sucedido el virrey, pensando en evitar conflictos con la población, éste mando se revocara la orden y se rindiera culto a la imagen.

La primera misa se celebró el 14 de setiembre de 1671. Gente de todos lados llegó en plegaria y mística romería, y se empezó a denominarlo “El santo Cristo de los Milagros o de las maravillas”. Con anterioridad a esta fecha, las parroquias de San Marcelo y San Sebastián quisieron trasladar el muro a sus respectivos recintos, pero ningún templo lo logró. Ante tal hecho, el virrey de turno, el Conde de Lemos, decidió que se levantase una ermita provisional en el mismo lugar de la imagen. Se construyó una rústica ermita de adobe y se llevó a cabo la primera misa, ceremonia a la que asistió el virrey y su familia, así como altas autoridades de la época. Con la presencia del virrey y el reconocimiento político, la imagen empezó a tener un mar de seguidores.

La autoridad eclesiástica nombró como primer mayordomo a Juan de Quevedo y Zárate, el virrey dio el visto bueno y la imagen quedó amparada por el poder civil de manera definitiva. Este mayordomo, como primera tarea, inició trámites con Diego Tebes Montalvo, dueño de las propiedades colindantes a la ermita, consiguiendo que el 17 de diciembre de 1671 se entregara a la causa religiosa el sitio que ocupaba la ermita y los territorios alrededor. Juan de Quevedo estuvo en el cargo 8 años, periodo en el que se logró restaurar el mural inicial y construir la primera capilla.

En 1684 se nombró a Sebastián de Antuñano y Rivas como cuarto mayordomo. Este hombre estuvo 33 años en el cargo, hasta 1717, fecha de su muerte. Sus obras fueron de vital importancia para el crecimiento del Señor de los Milagros: fundó el Monasterio de las Madres Nazarenas y Carmelitas Descalzas, fue cofundador del Instituto Nazareno e hizo total donación de los solares, huerta y demás terrenos y construcciones de esa zona de Pachacamilla a Sor Antonia Lucia del Espiritu Santo.

También fue el iniciador de las procesiones de octubre. A raíz del terremoto del 20 de octubre de 1687, empezó a salir en procesión una réplica del mural en sencillas andas. La tradición sigue hasta nuestros días.

Tiempo después, en 1715, el Cabildo de Lima declararía al Señor de los Milagros “Patrono Jurado de la Ciudad”. Dos años después, a causa de un mal desconocido, a la edad de 64 años, Antuñano murió.

Sor Antonia del Espíritu Santo y la historia del por qué el hábito morado

Esta religiosa de origen ecuatoriano se casó a los treinta años con Alfonso Quintanilla, hombre que, al entender las inclinaciones religiosas de su mujer, mantuvo la castidad hogareña. Antonia ya vestía el hábito morado con autorización de su esposo y la licencia eclesiástica otorgada el 6 de agosto de 1677 a 1678. A la muerte de su marido, en 1681, ella se dedica de lleno a la vida religiosa, vistiendo un eterno luto morado en homenaje a su esposo. Así se origina el Beaterio de Monserrate, cuna de las beatas nazarenas.

Luego de una fructífera amistad con Sebastián de Antuñano y Rivas, el 12 de octubre de 1700, en la notaría de Francisco Montiel Dávalos, el Mayordomo Antuñano le hace entrega de los terrenos de Pachamilla y las adquisiciones hechas a lo largo de los años, como también el huerto. ¿Cuál era la finalidad? Establecer el Instituto Nazareno. Fue así que en 1702 las beatas nazarenas ocuparon los territorios de Pachacamilla, estableciendo el actual Monasterio de madres Nazarenas Carmelitas Descalzas, hogar de las guardianas del Señor de los Milagros.

Presidente del Perú, Alan García, cargando el anda del Señor

La historia del hábito morado es bastante mítica. A parte del duelo por la muerte de su marido, la idea del hábito le llego a la mente porque un día, mientras estaba en oración, vislumbró a Cristo vestido con una túnica morada, llevando una soga en la cintura y la corona de espinas en la cabeza. Cuenta que Cristo le dijo: mi Madre ha dado su traje y habito con que anduve en el mundo; estima mucho este favor, que a nadie he dado mi santa túnica.

Fundación del Monasterio

Luego que Antonia muriera, Josefa de la Providencia asumió la dirección del instituto.

Durante su periodo se logró, entre otras cosas, obtener el 8 de febrero de 1720 la licencia del rey de España Felipe V. También se obtuvo la bula papal de Benedicto XIII, dada a la religiosa el 27 de agosto de 1727, aprobando con ello el hábito de las madres. Luego, el 14 de noviembre de 1729, luego de constantes insistencias, el Arzobispado de Lima y el Virrey Marqués de Castelfuerte autorizaron la fundación del monasterio.

La iglesia de las Nazarenas

La iglesia, reedificada por Sebastian Antuñano, y el Monasterio, fundado en 1730, sufrieron los estragos del violento sismo del 28 de Octubre de 1746. La construcción de un nuevo templo era necesaria.

A comienzos de 1766, por decisiva influencia de la Pericholi, ferviente devota del Señor de los Milagros, el XXXI Virrey Don Manuel Amat y Junient, fue a visitar la Iglesia de Nazarenas, y, al contemplar su lamentable estado, decidió la construcción de un nuevo edificio. Luego de acordar la obra con la Madre Priora Grimanesa Josefa de Santo Toribio C.D. y con la Benefactora Doña Maria Fernandez de Cordova y Sande, sugirió la idea fomentar la participación de todo Lima.

Contando con el importante apoyo del Virrey, las Madres Nazarenas repartieron por toda la ciudad una invitación que decía:

´...es ya tiempo que está iglesia se edifique y siendo el fondo principal con que debe contar la devoción de este vecindario que juro a este Divino Señor Patrón de la Ciudad contra los temblores que en ella se repiten, a dispuesto una mesa para el Domingo 4 de Mayo en la puerta principal del Colegio de los Desamparados....allí esperaran de su generoso ánimo aquella prueba que le dictare su piedad ....´ (extracto original)

Fue con está invitación que al fin las madres Nazarenas, después de 20 años del terremoto de 1746, lograron construir un nuevo templo para el Señor de los Milagros, el cual se inauguró el domingo 21 de enero de 1771.

Anda del Señor de los Milagros

Las primeras andas, cuya duración data del 20 de octubre de 1687 hasta 1921, fueron de madera y de rustico y sencillo acabado. Estas andas se modificaron y mejoraron posteriormente, conservando siempre sus cuatro varas.

Hasta 1921 fueron conducidas por ocho Hermanos Cargadores.

Las andas de Plata llegarían el 15 de octubre de 1922, siendo diseñadas por el escultor Jauregui. De los ángeles se encargaría Fray Rosario Zárate.

  • Medidas de los Ángeles

0.85 metros y 1.15 metros hasta las alas. Pesan alrededor de 45 Kilogramos cada uno. Son de plata pura.

  • Características de las andas
    • Base o tablero de madera con cuatro patas y las cuatro varas en roble de Guayaquil.
    • Su peso total es de 990 kilogramos.
    • Los hermanos cargadores que la pasean suman un total de 32.
    • A lo largo de los años se han ido agregando baterías, reflectores, nuevas varas y el arco de plata de los querubines.
    • La medida de los lienzos del Señor de los Milagros y de Nuestra Señora de la Nube es de 1.99 metros de alto por 1.37 metros de ancho.
    • Las imágenes de las andas lucen adornos de oro, platino y plata, las cuales llevan engastadas fina pedrería. Todas han sido donadas en diferentes épocas por personas devotas del Señor y la Virgen.

Cuadrillas

Cuadrilla del Señor vistiendo el traje morado tradicional

La Hermandad del Señor de los Milagros, a pesar de su antiguo y tradicional origen, recién adquiere personería jurídica y legal durante la época del Virrey Amat y Junient, fundándose las cuatro primeras cuadrillas de cargadores. Este acontecimiento tuvo lugar el 3 de Mayo de 1766. A la llegada de la guerra del Pacífico, en 1879, existían ya 7 cuadrillas de cargadores; mientras el ejército chileno ocupó Lima, la procesión no salió. 4 años más tarde se fundó la octava cuadrilla y las doce restantes se fundaron en el siglo XX entre 1904 y 1962.

Cargadores

Las andas son llevadas por cuadrillas de devotos, todos varones, continuando una tradición de 300 años. Cada cuadrilla tiene un capataz y un sub capataz que cubre una jornada o sector. Durante la procesión, la cuadrilla que va a entrar aguarda tres señales dadas por el capataz antes de entrar en acción. Primero el capataz advierte a los 32 hombres que componen la cuadrilla con la palabra ¡gente! Cuando dice ¡armen!, los hermanos cargadores se agachan para colocarse las andas sobre los hombros. Finalmente el capataz toca la campanilla de acero y plata y los hermanos cargan las andas al mismo tiempo dando inicio a un nuevo recorrido.

No es simple ingresar a la hermandad. Se requiere tener un padrino, preferentemente algún miembro antiguo del grupo. Si se le acepta, en primera instancia empieza una etapa de prueba como postulante al que se le encargan ciertas labores que le permitan « hacer méritos». Si hay vacantes - en caso de fallecimiento o jubilación de un hermano - entonces los aptos juramentan como cargadores.

Sahumadoras

Son damas que rinden culto a la imagen del Señor de los Milagros con su presencia y devoción. Todas sus integrantes expresan su fervor a través de oraciones, alabanzas y gratitudes.

Ellas acompañan las andas echando incienso. Se ubican en la parte delantera del cortejo para aromatizar el ambiente en todos los lugares por donde pasa el recorrido procesional. Para tal labor utilizan incienso, sahumerio y mirra. Durante la procesión el grupo se divide en cinco sectores, cada uno integrado por 75 hermanas que acompañan las andas en un espacio equivalente a lo que recorren cuatro cuadrillas, aproximadamente cuatro horas.

Cantoras

Se ubican en la parte delantera de las andas, detrás de las sahumadoras, y se turnan para intervenir con sus cánticos cada cuatro horas.

Himno Nazareno

SEÑOR DE LOS MILAGROS AQUI VENIMOS EN PROCESION TUS FIELES DEVOTOS A IMPLORAR TU BENDICION

FARO QUE GUIA A NUESTRAS ALMAS LA FE, ESPERANZA, LA CARIDAD TU AMOR DIVINO NOS ILUMINE NOS HAGA DIGNO DE TU BONDAD

CON PASO FIRME DE BUEN CRISTIANO HAGAMOS GRANDE NUESTRO PERU Y UNIDOS TODOS COMO UNA FUERZA TE SUPLICAMOS, NOS DES TU LUZ

Potajes del Señor de los Milagros

Los turrones

Esta limeña tradición se la debemos a Josefa Marmadillo, la popular “doña Pepa”. Esclava de un fundo algodonero de Cañete, se le otorgó la libertad debido a que sufría de una parálisis que no me permitía hacer uso de sus extremidades. Enterada de los milagros del Cristo moreno, se enrumbó a Lima y se convirtió en devota. Poco después, un día mientras oraba, se recuperó de la enfermedad y decidió agradecer el milagro elaborando un delicioso dulce, uno que habría de convertirse en el más tradicional del mes de octubre.

Los ingredientes que empleó en la elaboración del turrón fueron: almíbar de jugo de frutas, yemas de huevo, manteca, harina y anís, llevando encima de todo vistosos y coloridos dulces de hechura casera.

Al día siguiente, durante un nuevo recorrido procesional, se le vio acompañando la imagen sagrada en posición erguida, llevando encima de su cabeza una tabla que contenía el sabroso manjar; y así comenzó la tradición que dura hasta nuestros días.

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