Puya Raimondi

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Puya Raimondi

La titanca o puya Raimondi (Puya raimondii) es una de las plantas más impresionantes que existe. Pariente de la piña, es la bromeliácea más grande, y tiene además varias características que la hacen única.

Durante decenas de años, sus hojas espinosas van creciendo hasta parecer, en la distancia, un chagual (maguey o ágave, en otras partes del mundo) gigante, de hasta cuatro metros de altura, y que de por sí constituye un espectáculo inusual en la aridez llana de la puna.

Descubierta, por primera vez en 1830, por el científico francés Alcides D'Orbigny en la región de Vacas (Bolivia). Posteriormente, el italiano Antonio Raimondi descubrió en el Perú.

Contenido

Características

  • Nombre científico: Puya Raimondi
  • Nombres comunes: Puya Raimondi, ckara, titanca, ticatica, santón, keshke, púa.

La Puya Raimondi es una planta que crece solamente en regiones aisladas con un suelo pedregoso y muy poco humus. Se la encuentra en las regiones altas del altiplano boliviano y peruano, mayormente en zonas de vientos fríos, Como un grandioso regalo de la Naturaleza, esta inconfundible planta crece únicamente a los 3.800 metros sobre el nivel del mar.

Luego, súbitamente empieza a crecer la inflorescencia, hasta alcanzar entre ocho y diez metros. No hay inflorescencia más grande sobre el planeta. Dicen que la planta florece sólo cuando la planta tiene cien años, y que después de soltar las semillas, la planta muere.

Esta Puya esta formada por un tallo que ocupa aproximadamente dos tercios de la planta misma, en la cual se lleva acabo la forestación. El otro tercio esta formado por el núcleo del cual se desprenden sus hojas largas y puntiagudas.

Ella vive unos cien años de los cuales en su última etapa florece aproximadamente por un año entero. Una vez que se produce esta, la planta va extrayendo de su interior toda la energía acumulada durante un siglo hasta quedar carbonizada en forma de auto combustión. Hasta hoy sólo se hizo la descripción de seis especies de Puyas, la "Raimondi" es la más alta de su variedad, en flor puede alcanzar hasta los 12 metros de altura, según el investigador boliviano Rafael Musch, uno de los conservacionistas que más llama la atención sobre la extinción de esta planta.

Como penachos verdes, con afiladas y espinosas hojas, cual Aloe Vera, crece hasta los tres metros, vive en las más soleadas pendientes de la puna. Sus hojas crecen en forma esférica, partiendo del tallo central, son duras y poseen espinas muy fuertes. Es considerada una auténtica reliquia vegetal, es una de las especies de plantas más antiguas del mundo y se la ha calificado como un fósil vivo. Si no se toman medidas rápidas y sostenidas, y no se declara Parque Nacional a la zona de Vacas, en Bolivia podría desaparecer.

Verlas en plena inflorescencia, cuando llegan a su madurez a los 80 años, es un espectáculo único e inolvidable. Es la es la planta del planeta que más tarda en florecer. La leyenda difundida dice que florece cada 100 años, pero estimaciones más recientes reducen la época entre 80 a 100 años, cuyo ciclo de vida concluye irremisiblemente con la inflorescencia.

Esta hermosa planta detenta varios récords: cuando está en flor puede medir hasta 12 metros, tiene entre 8 a 10 mil hermosas y blancas flores de tamaño mediano y produce varios millones de semillas. La Puya Raimondi también se anota otro récord, la de la inflorescencia más grande (flores en racimo en un eje floral). El racimo, de más de 8.000 flores individuales, puede lograr un diámetro de 2,4 metros y alcanzar una altura de 10 metros. Las titancas crecen en "bosques", a falta de mejor nombre, localizados antojadizamente en las punas andinas. El bosque más conocido está en la reserva del Huascarán, en Ancash, pero las titancas de Canchayllo están mucho más a la mano, a sólo dos horas (una en carro, una a pie) de la Carretera Central (también hay titancas -me consta- entre Nuñoa y Macusani, en Puno). Son un espectáculo excepcional.

La Inflorescencia

Conjunto de Puyas Raimondi

La inflorescencia está compuesta de 8 a 10 mil flores de color blanco a verduzco, dispuestas en pequeños tallos horizontales, los que se agrupan en un tallo vertical de más o menos 50 cm de diámetro y hasta 4 metros de altura. Después que las flores son polinizadas entre noviembre a enero, las semillas están maduras 3 a 4 meses después.éstas están en cápsulas que en conjunto por planta producen millones de semillas livianas y fáciles de ser transportadas por el viento a largas distancias.

Esta inflorescencia permanece cerca de tres meses, durante el tiempo en el que es polinizada por los picaflores gigantes andinos. En Bolivia se la puede ver en flor desde de octubre o noviembre hasta diciembre y enero, a diferencia de Perú, donde se la observa en mayo. Obviamente, con la inflorescencia de una sola vez en el final de un siglo, la mayoría de las plantas que es posible ver no están en flor. Cuando florecen, tienden a hacerlo en grupos y esto ocurre cada 3 ó 4 años, lo que no se sabe es por qué sucede y tampoco está claro cuándo es su mejor época. Por cierto que hace un decenio floreció en el Jardín Botánico de Berkeley, en California, y sucedió algo similar en Der Palmengarten en Frankfurt, Alemania.

Reseña histórica acerca de su descubridor

Antonio Raimondi

Nació en Milán el 19 de setiembre de 1824. Poco se sabe de su infancia, sin embargo siempre manifestó una clara inclinación por el estudio de la naturaleza. La elección del Perú como destino para sus investigaciones fue un hecho conciente y emotivo. El desconocimiento científico de la legendaria tierra de los incas fue su primer estímulo; por otra parte, surgió en él una especial simpatía por nuestro país debido a la honda impresión que le causó ser testigo de la mutilación de un cactus gigante de origen peruano en el jardín botánico de Milán. Antonio Raimondi desde niño mostró una decidida inclinación por el estudio de las Ciencias Naturales; su infancia la pasó deleitándose con la lectura de los relatos de los grandes viajeros y exploradores como Colón, Cook, Bougainville, Humboldt y otros.

Poco a poco fue despertando en su espíritu un vivo deseo de conocer aquellas regiones tropicales ricas en flora y fauna. Seguía con curiosidad las rutas de los famosos viajeros teniendo a la mano los mapas, imaginándose ya un explorador en medio de los inmensos bosques de la selva amazónica. Le llamaban mucho la atención los animales raros que solía ver en los parques zoológicos de su patria. Visitaba también los museos de Historia Natural para ver de cerca a esos animales disecados y conocer su hábitat, sus costumbres.

Puya Raimondi

Llegó al Callao un 28 de Julio de 1850, huyendo de los horrores de la guerra por la independencia y unidad de Italia, causa en la que participó como miliciano durante las cinco jornadas de Milán. A su llegada, el gran médico peruano Cayetano Heredia lo acogió en el colegio de la Independencia, futura facultad de Medicina de San Fernando, reconociendo en el joven italiano grandes talentos que le permitieron confiarle importantes responsabilidades. El tiempo confirmó que no estaba equivocado. A pesar de la distancia con Europa, sumado a su espíritu sereno y poco afecto a la exposición publica, Raimondi fue sin duda el principal referente científico de nuestro país de la segunda mitad del siglo XIX. Su personalidad como méritos intelectuales le valió ser reconocido como integrante distinguido de las más importantes asociaciones científicas del mundo.

Fue nombrado miembro honorario de la Real Sociedad Geográfica de Londres, la Sociedad Italiana de Antropología, Etnología y Psicología Comparada y la Sociedad Geográfica de París, entre otras múltiples membresías no menos notables. Sin duda Raimondi era por mérito propio, una de las personalidades más requeridas y cosmopolitas del Perú de aquellos años.

A nivel local fue honrado en vida con el Grado de Doctor en Ciencias Naturales y nombrado Profesor Honorario de la Facultad de Medicina, estos dos últimos títulos por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

En 1853 realizó su primera misión oficial al servicio del estado peruano; desde 1858 sus expediciones y la publicación sus obras más importantes corrieron por cuenta de dineros fiscales. Su prestigio y seriedad le valieron ser reconocido como consultor científico del estado prácticamente durante toda su vida en el Perú. La mejor ruta para la construcción de una vía férrea, la ubicación de variados yacimientos mineros, la certificación de muestras minerales, criterios para la demarcación territorial o consultas sobre conflictos limítrofes con naciones vecinas, entre otros múltiples temas, constituían sus requerimientos laborales permanentes, a la vez de fundamento de su economía, nunca muy holgada.

El 26 de octubre de 1890 afectado por una larga dolencia, el sabio fallece acompañado de su hija Elvira, en casa de su compatriota y amigo Alejandro Arrigoni, en la localidad de San Pedro de Lloc, La Libertad. Sus restos reposan en el cementerio Presbítero Maestro de Lima, en mausoleo especialmente construido en su homenaje. Su legado científico y moral representa uno de los capítulos más hermosos en la historia universal de las ciencias naturales. La tarea de la divulgación de su obra y su fe inquebrantable por el Perú, se renuevan generación tras generación, entre quienes encuentran en el ejemplo de su vida, inspiración para un futuro mejor.

Trasecendencia de Antonio Raimondi

Raimondi pertenece a una estirpe clásica de investigadores, a la que podríamos llamar naturalistas enciclopédicos. En ellos la motivación por el aprendizaje no repara en ninguna limitación, sean estas humanas o naturales. Nada fue impedimento para sus exploraciones e investigaciones; ni el territorio más accidentado ni la más compleja rama de las ciencias resistieron su ímpetu por el conocimiento.

Antonio raimondi.gif

Soñaba también con las plantas tropicales; le parecía ver una vegetación lujuriante con su verdor permanente y saludable; triste era su despertar cuando con su alma de niño veía que los árboles de su patria perdían las hojas al acercarse el invierno; una profunda melancolía se apoderaba de su espíritu al contemplar los campos cubiertos de nieve y los árboles con sus ramas desnudas que parecían pedir al cielo los cálidos y vivificantes rayos de sol.

Raimondi se refugiaba en los invernaderos o conservatorios de los Jardines Botánicos, donde el calor artificial podía mantener algunas de las plantas tropicales del nuevo mundo. Sus visitas a estos jardines eran frecuentes especialmente durante el crudo invierno. Un feliz día tuvo la oportunidad de ver una planta exótica que por su porte y forma llamó su atención; se trataba nada menos que de una especie peruana: cereus peruvianus, una de las tantas Cactáceas de tallo columnar y espinoso que se erguía dentro del invernadero como un monstruoso candelabro hasta el techo recorriendo parte de éste, sostenido por cordeles.

Su obra Botánica

La obra de Raimondi como botánico es una de las más prolíficas de todas las ciencias a las que estuvo dedicado. Sin duda se trata de una de las ramas de su preferencia, la que encontró en el territorio peruano el lugar más apropiado donde desarrollar estudios en este campo. La exuberante diversidad de la flora peruana descubierta por el sabio italiano hizo posible que el número de especimenes conservados en su herbario haya superado los veinte mil ejemplares; sumémosle a ello trescientas muestras correspondientes a frutos, cortezas, gomas, resinas y demás partes de la biología vegetal colectadas de plantas exóticas desconocidas para la ciencia de la época.

Esta faceta queda resaltada cuando en 1857 publicó su tratado más importante sobre este reino: “Elementos de la Botánica aplicada a la Medicina y a la Industria…”, edición auspiciada por la Escuela de Medicina de Lima, institución que posteriormente dio origen a la Facultad de San Fernando, órgano médico emblemático de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Cabe indicar que este libro fue dividido en dos partes: la primera dedicada al estudio de la anatomía, fisiología y patología vegetal; la segunda a la taxonomía y fitografía que organizan la clasificación y descripción de las plantas. Su estudio sobre la geográfica botánica fue publicado en la famosa “Geografía del Perú” de Paz Soldán.

“Elementos de la Botánica …” es una obra fundamental en la amplia bibliografía de Raimondi debido a que en ella expone el contenido académico de su cátedra como profesor responsable del curso Historia Natural de la Escuela de Medicina de Lima. No en vano esta publicación fue dedicada a sus discípulos con un doble propósito: facilitarles el estudio de las plantas así como estimular en ellos el amor por la naturaleza.

Además del herbario conservado en la actualidad en el Museo de Historia Natural de Javier Prado, su legado agrupa 300 acuarelas y alrededor de 200 dibujos a lápiz de hermosos ejemplares de flora nativa, los mismos que son cautelados en distintas instituciones culturales, principalmente el Museo Raimondi y el Archivo General de la Nación del Perú. En estas verdaderas obras de arte, Raimondi demuestra su sensibilidad como naturalista al ser el autor de mano propia en buena parte de estas ilustraciones.

Su aporte más emblemático en este campo fue el descubrimiento en el departamento de Ancash de la más conspicua pero a la vez espectacular planta de los andes, cuyo hallazgo describió de la siguiente manera: “En la falda de los cerros, en la banda izquierda de la quebrada (de Cashapampa), se observan, en un terreno casi desnudo de vegetación, unas grandes matas con hojas espinosas en los bordes, en medio de las cuales se levanta un gigantesco tallo cubierto en casi toda su longitud de apiñadas espigas de flores” (El Perú, Tomo I: p. 295). Hoy en día esta planta es ampliamente conocida en el mundo con el nombre de “Puya Raimondi”, como justo homenaje a la memoria de su descubridor.

El trabajo de Raimondi acerca de la flora nacional dejó una gran influencia entre los más prestigiosos investigadores que le sucedieron. Así, el alemán Augusto Weberbauer, uno de los botánicos más importantes del Perú del S. XX, le dedicó su más importante obra: "El Mundo Vegetal de los Andes Peruanos".

Peligro de extinción

Definitivamente, la Puya está amenazada por los lugareños que la utilizan como combustible, comida para sus animales y material de construcción, así como por los pastores que queman su base, pues los rebaños de ovejas se enganchan en las duras espinas de sus hojas. A la fecha, hay que hacer mucho esfuerzo para encontrar plantas pequeñas o nuevas. Estas están a disposición del ganado y de los campesinos de la zona que usan para diversas tareas.

Referencias


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