Miguel Grau

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INTRODUCCIÓN

Miguel Grau

Para la mayoría de compatriotas, Grau es sinónimo de gloria, honor, caballerosidad y arrojo. Existen miles de páginas escritas sobre el desempeño del almirante; sin embargo, pocos conocen su labor como político, amigo o padre de familia. Grau fue un estratega dedicado a servir a la Patria; dentro y fuera de la Armada. Dedicó casi toda su vida al mar, vocación que siguió de su padre, Juan Manuel Grau.

PRIMEROS AÑOS

Nació en Piura? el 27 de Julio de 1834. Sus padres fueron Miguel Grau Berrío y Luisa Seminario del Castillo. Desde niño se familiarizó con el mar porque su padre trabajaba en la Aduana de Paita. Desde los nueve años Miguel Grau navega a bordo de buques mercantes, recorriendo prácticamente todos los mares del mundo, lo que le vale una experiencia marinera importantisíma para su posterior brillante carrera como Oficial de la Marina de Guerra del Perú Escogió la vida de marino desde muy temprana edad, ingresando a la Escuela Náutica de Paita. De allí salió para efectuar su primera practica naval cuando solo tenía nueve años, marchando a Buenaventura (Colombia) a bordo de una goleta mercante. El viaje fue muy accidentado a tal punto que naufragó la goleta, teniendo que regresar a Paita; pero no se desanimó con el percance y se embarcó en otros buques mercantes y arribó con ellos a puertos de Oceanía, Asia, América y Europa.

SU JUVENTUD

En 1853, dejara la marina mercante e ingresa como aspirante a Oficial de la Armada, desarrollando un profesional desempeño en varias unidades de reparticiones peruanas. En 1864 como Teniente Primero es comisionado a Europa para la construcción de buques para la Escuadra peruana. De allí en adelante se forjó una carrera impecable, participando incluso de la batalla naval de Abtao, al mando de la corbeta Unión, en la cual enfrentó a la escuadra española.

VIDA FAMILIAR

Contrajo matrimonio con doña Dolores Cabero con quien tuvo 10 hijos. La familia se instaló en Lima, en una casa que hoy ha sido restaurada y se conoce como la Casa Grau. Entre 1876 y 1879 dejó momentáneamente el comando del Huáscar para ser diputado por Paita.

VIDA POLÍTICA

En 1868 es llamado a reincorporarse a la Marina de Guerra y se le nombra comandante del Huáscar, cargo que retendrá hasta 1876, cuando es elegido Diputado por Paita, reasumiendo en marzo de 1879 el mando del Huáscar al dejar sus labores en el Congreso Peruano. Ese don de liderazgo que demostraba desde la cubierta lo trasladó muchas veces a la arena política. Fue elegido en 1876, a los 42 años, diputado de la provincia de Paita como miembro del Partido Civil.

Durante su gestión denunció ante el Congreso de la República el pésimo estado de las naves de la Armada Peruana, augurando un fatal desenlace si no se adquiría material bélico.

Por desgracia, las consecuencias de hacer oídos sordos a su solicitud se encuentran escritas en todos los libros de historia del Perú.

SU PARTICIPACIÓN EN LA GUERRA DEL PACÍFICO

Abiertas las hostilidades por Chile, contra el Perú, Graú realizó verdaderas proezas navales que le conquistaron la admiración del mundo entero. Al mando del monitor "Huascar" incursionó con evidente osadía en el litoral chileno llegando hasta el puerto de Tongoy, a pocas horas de Valparaíso, capturando naves que fueron llevadas al Callao. La primera campaña naval la inició Grauel 8 de mayo de 1879 saliendo del Callao para combatir en Iquique y hundir, tras titánica lucha a la corbeta "Esmeralda". El 24 del mismo mes sale nuevamente de Iquique rumbo al sur recorriendo los puertos de Cobija, Tocopilla y Platillos; de regreso combate con el blindado "Blanco Encalada" en aguas de Ilo. El 2 de Junio está de nuevo en aguas de Iquique, y reanuda sus actividades frente a las costas enemigas; entra a Hunillos, combate otra vez con el "Blanco Encalada", y regresa al Callao para reparar las averías sufridas por el monitor en estas campañas. El 6 de julio el "Huascar" navega nuevamente al Sur y el 9 se encuentra frente a Antofagasta, combate con el "Abtao", el "Matias Cousiño" y la "Magallanes", cambia disparos con el "Blanco Encalada"y vuelve a Arica. El 17 de julio comienza la cuarta campaña del "Huascar", alcanzando hasta Mejillones entre los días 19 al 25 de dicho mes, luego regresa a Arica, habiendo capturado en ese lapso el transporte de guerra "Rimac"con un regimiento de caballería a bordo y varias otras presas menores. Tras un breve descanso, Grau vuelve al Sur el 1 de agosto; incursiona en los puertos chilenos de Caldera, Coquimbo, Taltal y Tocopilla; y el 23 de agosto nuevamente reinicia operaciones. El 26 de Agosto de 1879, el Congreso asciende a Miguel Grau al grado de Contralmirante. Grau acababa de cumplir 45 años de edad. Conocedor de este alto honor, pide el ascenso de todos sus subordinados al grado inmediato y él renuncia a los haberes e insignias. La última expedición que termina gloriosamente en Angamos, la inicia Grau el 30 de Setiembre, acompañado de la corbeta "Union". El 4 de octubre, se encuentra frente a Huasco, el 6 está en Tongoy y el 7 en Antofagasta. En la madrugada del fatídico 8 abandona este puerto rumbo al Norte; pero aunque logra eludir a la primera división naval chilena, la poderosa segunda división le cierra el paso y se produce el encuentro fatal para nuestra Escuadra. La lucha comenzó en las primeras horas del día y sólo terminó cuando en el legendario monitor no quedaban hombres disponibles para el combate. Una granada del "Cochrane"que estalló en la torre de mando mató a Grau y a su ayudante de órdenes, el Teniente Diego Ferré. Muertos Grau y tres comandantes más, desmontados los cañones, heridos gran número de sus oficiales y tripulantes. Cuando acribillado por los proyectiles del atacante comenzaba a hundirse, por acto deliberado de los sobrevivientes, el legendario monitor fue abordado por los marinos chilenos. Sólo pudo rescatarse de Grau una pierna y parte del cráneo, restos gloriosos que fueron sepultados provisionalmente en Santiago de Chile. Para Jorge Basadre, Grau "fue la espada y el escudo del Perú que por seis meses impidió el desembarco".

EL HÉROE

El Monitor Huáscar

Durante el conflicto con Chile, destacó por su audacia y arrojo, pero sobre todo por su don de mando y de estratega consumado. Durante cinco meses, la escuadra enemiga no pudo con Grau y su viejo monitor. El enemigo lo consideraba un barco fantasma, ya que se deslizaba entre los puertos chilenos con la destreza de un gato, manteniendo en zozobra a un enemigo enteramente superior, capaz de estar en varios lugares bombardeando muelles, rompiendo bloqueos e interceptando cargamentos. La guerra para el glorioso Almirante nunca fue un baño de sangre, todo lo contrario. Destacó por su caballerosidad ante el enemigo rendido. Cuando hundió a La Esmeralda no dudó en rescatar a los náufragos que luchaban por sus vidas en las frías agua del Pacífico, como tampoco tuvo reparo en rendir homenaje al héroe chileno Arturo Pratt, caído en el fragor de la batalla, al enviar una sentida carta de condolencia a su viuda en Chile. Grau en Iquique había dado muestras de ejemplar caballerosidad. Después del combate, al efectuar el traslado de los chilenos caídos en la cubierta del Huáscar para su sepultación en Iquique, el jefe peruano guardó con respeto la cartera de Prat, que contenía los retratos de su esposa e hijos, y también su espada. Esa mañana de octubre, para muchos, se perdía la Guerra del Pacífico, y de esa manera se cumplían cabalmente las palabras del Almirante. En las páginas de la bitácora del monitor Huáscar, Grau escribió: “Os puedo asegurar que si el Huáscar no regresara victorioso, yo tampoco he de regresar” y esa mañana, sobre el Pacifico, nuestro Almirante encontraría la gloria eterna coronada con la inmortalidad de sus hazañas.

LA FIGURA DE GRAU EN LA HISTORIA

Sus insuperables hazañas al mando del Huascar hicieron decir a Teodoro Roosevelt, Presidente de los Estados Unidos "El Huascar es el famoso y recordado buque sobre el cual se hayan ejecutado los actos de heroísmo mayores que jamás se han hecho en algún otro blindado de cualquier nación del mundo" Como homenaje póstumos, el Congreso de la República, le otorgó en 1946 , el Grado de Almirante. El 20 de marzo de 1958, en ceremonia que revistió la mayor solemnidad, Chile devolvió al Perú las sagradas reliquias del "Caballero de los Mares". El Presidente de Chile, General Carlos Ibañez del Campo, entregó personalmente los restos del héroe inmortal al Embajador del Perú Enrique Goytizolo. El 21 en la tarde el Presidente de la República, Manuel Prado, acompañado de su Gabinete Ministerial y de altas personalidades, entre las que se hallaban la hija del héroe Maria Luisa Grau y el sobreviviente del Huascar Alférez del Fragata Manuel Elías Bonnemaison, recibió en el Aeropuerto de Corpac las reliquias del más grande marino de nuestra historia. Así retornó a la patria para ser custodiada por la Marina de Guerra del Perú: un trozo de tibia, sagrado despojo de su indómito cuerpo; un escapulario y un detente, símbolos de su fecristiana; una cinta de seda de una corona que le obsequiaron damas peruanas de la época, como homenaje a su nobleza e hidalguía; un juego de charreteras de su uniforme de marino y un libro en inglés titulado "North Atlantic", testimonio de su afán por el perfeccionamiento de su profesión.

CARTA DE MIGUEL GRAU A LA VIUDA DE ARTURO PRAT

Monitor Huáscar, Pisagua Junio 2 de 1879. Señora Carmela Carvajal de Prat: Dignisima señora: Un sagrado deber me autoriza dirigirme a usted y siento profundamente que en esta carta, por las luchas que va a rememorar, contribuya a aumentar el dolor que hoy, justamente debe dominarla. En el combate naval del 21 del próximo pasado, que tuvo lugar en las aguas de Iquique, entre las naves peruanas y chilenas, su digno y valeroso esposo, el Capitán de Fragata don Arturo Prat, Comandante de la Esmeralda, fue, como usted no lo ignorará ya, víctima de su temerario arrojo en defensa y gloria de la bandera de su Patria. Deplorando sinceramente tan infausto acontecimiento y acompañándola en su duelo, cumplo con el penoso deber de enviarle las, para usted, inestimables prendas que se encontraron en su poder y que son las que figuran en la lista adjunta. Ellas le servirán indudablemente de algún pequeño consuelo en medio de su desgracia, y para eso me he anticipado a remitírselas. Reiterándole mis sentimientos de condolencia, logro, señora, la oportunidad de ofrecerle mis servicios, consideraciones y respetos con que me suscribo de usted, señora, muy afectísimo seguro servidor. MIGUEL GRAU Los objetos encontrados al Capitán de Fragata don Arturo Prat, Comandante de la Corbeta chilena "Esmeralda", momentos después de haber fallecido a bordo del monitor Huáscar, fueron: Una espada sin vaina, pero con sus respectivos tiros. Un aro de oro de matrimonio. Un par de gemelos y dos botones de pechera de camisa, todo de nácar. Tres copias fotográficas, una de señora y las otras dos probablemente de sus niños. Una reliquia del Corazón de Jesús, escapulario del Carmen y medalla de la Purísima. Un par de guantes de Preville. Un pañuelo de hilo blanco, sin marca. Un libro memorándum. Una carta cerrada y con el siguiente sobre escrito: Señor J. Lassero, Gobernador Marítimo de Valparaíso, para entregar a don Lorenzo M. Paredes. Al ancla en Iquique, Mayo 21 de 1879. El oficial de Detallía. P. Rodríguez Salazar. En la carta que respondió ella se puede leer: "...con la hidalguía del caballero antiguo, se digna usted acompañarme en mi dolor, deplorando sinceramente la muerte de mi esposo, y tiene la generosidad de enviarme las queridas prendas que se encontraron sobre su persona... Por ello tengo la conciencia de que el distinguido jefe que tiene hoy el valor de asociarse a mi duelo y de poner muy en alto el nombre y la conducta de mi esposo en esta jornada, y que tiene aún el más raro valor de desprenderse de un valioso trofeo... un jefe semejante, un corazón tan noble hubiera evitado, si hubiera podido, el sacrificio de mi esposo...". Fue ella, la viuda del mayor comandante enemigo, quien llamó caballero a Grau, no por sus glorias militares que fueron muchas, sino por su hidalguía

BIOGRAFÍA DE MIGUEL GRAU SEGÚN MANUEL GONZALES PRADA EN “PAJINAS LIBRES”

GRAU

I

Épocas hai en que todo un pueblo se personifica en un solo individuo: Grecia en Alejandro, Roma en César, España en Carlos V, Inglaterra en Cromwell, Francia en Napoleón, América en Bolívar. El Perú en 1879 no era Prado, La Puerta ni Piérola, era Grau. Cuando el Huáscar zarpaba de algún puerto en busca de aventuras, siempre arriesgadas, aunque a veces infructuosas, todos volvían los ojos al Comandante de la nave, todos le seguían con las alas del corazón, todos estaban con él. Nadie ignoraba que el triunfo rayaba en lo imposible, atendida la superioridad de la escuadra chilena; pero el orgullo nacional se lisonjeaba de ver en el Huáscar un caballero andante de los mares, una imajen del famoso paladín que no contaba sus enemigos antes del combate,porque aguardaba contarles vencidos o muertos. Nosotros, lejítimos herederos de la caballerosidad española, nos embriagábamos con el perfume de acciones heroicas, en tanto que otros, menos ilusos que nosotros i más imbuídos en las máximas del siglo, desdeñaban el humo de la gloria i s'engolosinaban con el manjar de victorias fáciles i baratas. I merecíamos disculpa! El Huáscar forzaba los bloqueos, daba caza a los trasportes sorprendía las escuadras, bombardeaba los puertos, escapaba ileso de las celadas o persecuciones, i más que nave, parecía un ser viviente con vuelo de águila, vista de lince i astucia de zorro. Merced al Huáscar, el mundo que sigue la causa de los vencedores,olvidaba nuestros desastres i nos quemaba incienso; merced al, Huáscar, los corazones menos abiertos a la esperanza cobraban entusiasmo i sentían el jeneroso estímulo del sacrificio; merced al Huáscar, en fin, el enemigo se desconcertaba en sus planes, tenía,vacilaciones desalentadoras i devoraba el despecho de la vanidad humillada, porque el monitor, vijilando las costas del Sur, apareciendo en el instante menos aguardado, parecía decir a l=ambición de Chile: "Tú no pasarás de aquí". Todo esto debimos al Huáscar, i el alma del monitor era Grau.

II

Nació Miguel Grau en Piura el año 1834. Nada notable ocurre en su infancia, i sólo merece consignarse que, después de recibir la instrucción primaria en la Escuela Náutica de Paita, se trasladó a Lima para continuar su educación en el colejio del poeta" Fernando Velarde. A la muerte del discípulo, el maestro le consagró una entusiasta composición en verso. Descartando las exajeraciones, naturales a un poeta sentimental i romántico, se puede colejir por los endecasílabos de Velarde, que Grau era un niño tranquilo i silencioso, quien sabe taciturno.

Nunca fuiste risueño ni elocuente Y tu faz pocas veces sonreía Pero inspirabas entusiasmo ardiente, Cariñosa y profunda simpatía (Fernando Velarde)

Mui pronto debió de hastiarse con los estudios i más aún con el réjimen escolar, cuando al empezar l=adolescencia s'enrola en la tripulación de un buque mercante. Seis o siete años navegó por América, Europa i Asia, queriendo ser piloto práctico antes que marino teórico, prefiriendo costear continentes i correr temporales a navegar mecido constantemente por las olas del Pacífico. Consideró la marina mercante como una escuela transitoria,no como una profesión estable, pues al creerse con aptitudes para gobernar un buque, ingresó a l=Armada nacional. ¿A qué seguir paso a paso la carrera del guardia marina en 1857, del capitán de navío en 1873, del contralmirante en 1879? Reconstituir conforme a plan matemático la existencia de un personaje, conceder intención al más insignificante de sus actos, ver augurios de proezas en los juegos inocentes del niño, es fantasear una leyenda,no escribir una biografía. En el ordinario curso de la vida, el hombre camina prosaicamente, a ras del suelo, i sólo se descubre superior a los demás, con intermitencias, en los instantes supremos. El año 1865 hubo momento en que Grau se atrajo las miradas de toda la nación, en que tuvo pendiente de sus manos la suerte del país. Conducía de los astilleros ingleses un buque de guerra a tiempo que la República se había revolucionado para deshacer el tratado Vivanco-Pareja. Plegándose a los revolucionarios, entregándoles el dominio del mar, Grau contribuyó eficazmente al derrumbamiento de Pezet. La popularidad de Grau empieza al encenderse la guerra contra Chile. Antes pudo confundirse con sus émulos i compañeros de armas o diseñarse con las figuras más notables del cuadro; pero en los días de la prueba se dibujó de cuerpo entero, se destacó sobre todos, les eclipsó a todos. Fué comparado con Noel y Gálvez, i disfrutó como Washington la dicha de ser "el primero en el amor de sus conciudadanos". El Perú todo le apostrofaba como, Napoleón a Goethe: "Eres un hombre".

III

Y lo era, tanto por el valor como por las otras cualidades morales. En su vida, en su persona, en la más insignificante sus acciones, se conformaba con el tipo lejendario del marino. Humano hasta el esceso, practicaba jenerosidades que en el fragor de la guerra concluían por sublevar nuestra cólera. Hoi mismo, al recordar la saña implacable del chileno vencedor, deploramos la exajerada clemencia de Grau en la noche de Iquiqui. Para comprenderle i disculparle, se necesita realizar un esfuerzo, acallar las punzadas de la herida entreabierta, ver los acontecimientos desde mayor altura. Entonces se reconoce que no merecen llamarse grandes los tigres que matan por matar o hieren por herir, sino los hombres que hasta en el vértigo de la lucha saben economizar vidas i ahorrar dolores. Sencillo, arraigado a las tradiciones relijiosas, ajeno a las dudas del filósofo, hacía gala de cristiano i demandaba l=absolución del sacerdote antes de partir con la bendición de todos los corazones. Siendo sinceramente relijioso, no conocía la codicia --esa vitalidad de los hombres yertos--, ni la cólera violenta --ese momentáneo valor de los cobardes--, ni la soberbia --ese calor maldito que sólo enjendra víboras en el pecho-- A tanto llegaba la humildad de su carácter que, hostigado un día por las alabanzas de los necios que asedian a los hombres de mérito, esclamó: "Vamos, yo no soi más que un pobre marinero que trata de servir a su patria". Por su silencio en el peligro, parecía hijo de otros climas, pues nunca daba indicios del bullicioso atolondramiento que distingue a los pueblos meridionales. Si alguna vez hubiera querido arengar a su tripulación, habría dicho espartanamente, como Nelson en Trafalgar: "La patria confía en que todos cumplan con su deber". Hasta en el porte familiar se manifestaba sobrio de palabras: lejos dél la verbosidad que falsifica la elocuencia i remeda el talento. Hablaba como anticipándose al pensamiento de sus con la más leve contradicción.Su cerebro discernía con lentitud, su palabra fluía con largos intervalos de silencio, i su voz de timbre femenino contrastaba notablemente con sus facciones varoniles i toscas. Ese marino forjado en el yunque de los espíritus fuertes, inflexible en aplicar a los culpables todo el rigor de las ordenanzas, se hallaba dotado de sensibilidad esquisita, amaba tiernamente a sus hijos, tenía marcada predilección por los niños. Sin embargo, su enerjía moral no s'enervaba con el sentimiento como lo probó en 1865 al adherirse a la revolución: rechazando ascensos i pingües ofertas de oro, desoyendo las sujestiones o consejos de sus más íntimos amigos, resistiendo a los ruegos e intimaciones de su mismo padre, hizo lo que le parecía mejor, cumplió con su deber. Tan inmaculado en la vida privada como en la pública, tan honrado en el salón de la casa como en el camarote del buque,formaba contraste con nuestros políticos i nuestros guerreros, existía como un verdadero anacronismo. Como flor de sus virtudes, trascendía la resignación: nadie conocía más el peligro, i marchaba de frente, con los ojos abiertos, con la serenidad en el semblante. En él, nada cómico ni estudiado: personificaba la naturalidad. Al ver su rostro leal i abierto, al cojer su mano áspera i encallecida, se palpaba que la sangre venia de un corazón noble i jeneroso. Tal era el hombre que en buque mal artillado, con marinería inesperta, se vió rodeado i acometido por toda la escuadra chilena el 8 de Octubre de 1879.

IV

En el combate homérico de uno contra siete, pudo Grau rendirse al enemigo; pero comprendió que por voluntad nacional estaba condenado a morir, que sus compatriotas no le habrían perdonado el mendigar la vida en la escala de los buques vencedores. Efectivamente. Si a los admiradores de Grau se les hubiera preguntado qué exijían del Comandante del Huáscar el 8 de Octubre, todos habrían respondido con el Horacio de Corneille: Que muriera! ". Todo podía sufrirse con estoica resignación, menos el Huáscar a flote con su Comandante vivo. Necesitábamos el sacrificio de los buenos i humildes para borrar el oprobio de malos i soberbio Sin Grau en la Punta de Angamos, sin Bolognesi en el Morro de Arica ¿tendríamos derecho de llamarnos nación? ¡Qué escándalo no dimos al mundo, desde las ridículas escaramuzas hasta las inesplicables dispersiones en masa, desde la fuga traidora de los caudillos hasta las sediciones bizantinas, desde la maquinaciones subterráneas de los ambiciosos vulgares hasta las tristes arlequinadas de los héroes funambulescos! En la guerra con Chile, no sólo derramamos la sangre, exhibimos la lepra. Se disculpa el encalle de una fragata con tripulación novel i capitán atolondrado, se perdona la derrota de un ejército indisciplinado con jefes ineptos o cobardes, se concibe el amilanamiento de un pueblo por los continuos descalabros en mar i tierra; pero no se disculpa, no se perdona ni se concibe la reversión del orden moral, el completo desbarajuste de la vida pública, la danza macabra de polichinelas con disfraz de Alejandros i Césares. Sin embargo, en el grotesco i sombrío drama de la derrota, surjieron de cuando en cuando figuras luminosas i simpáticas. La guerra, con todos sus males, nos hizo el bien de probar que todavía sabemos enjendrar hombres de temple viril. Alentémonos, pues: la rosa no florece en el pantano; i el pueblo en que nacen un Grau i un Bolognesi no está ni muerto ni completamente dejenerado. Regocijémonos, si es posible: la tristeza de los injustamente vencidos conoce alegrías sinceras, así como el sueño de los vencedores implacables tiene despertamientos amargos, pesadillas horrorosas. La columna rostral erijida para conmemorar el 2 de Mayo se corona con la victoria en actitud de subir al cielo, es decir, a la rejión impasible que no escucha los ayes de la víctima ni las imprecaciones del verdugo. El futuro monumento de Grau ostentará en su parte más encumbrada un coloso en ademán d'estender el brazo derecho hacia los mares del Sur. Catalina de Rusia fijó en una calle meridional de Sampetersburgo un cartel que decía: "Por aquí es el camino a Constantínopla". Cuando la raza eslava siente impulsos de caminar hacia las Atierras verdes" ¿no recuerda las tentadoras palabras de Catalina? Si Grau se levantara hoi del sepulcro, nos diría... Es inútil repetir sus palabras: todos adivinamos ya qué deberes hemos de cumplir, adónde tenemos que dirijirnos mañana.

REFERENCIAS

Huascar

Huascaran

El peruano

Evergreen

Paita