Gobierno de Oscar R. Benavides

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El restablecimiento económico

Oscar R. Benavides

El comienzo del fin de la crisis económica de 1929

Una breve visión histórica retrospectiva nos señala el siguiente panorama. En el bienio 1927-1928 años que el Banco de Reserva del Peru calificó en sus Memorias como de "convalescencia" y "tranquilidad", se creyo que el país se hallaba en camino de una franca recuperactión económica despues de los embates sufridos en el emblematico año de 1925. Sin embargo, un fantasma externo al poco tiempo vino a echar por los suelos tan optimistas vaticinios, cuando en 1929 "la baja de nuestros principales productos de exportación, la disminución de la cosecha de algod{on y la crisis bursatil de Nueva York se conjugaron como factores adversos a la estabilidad del cambio que, desde abril de 1928, habia logrado fijarse al tipo de cuatro dólares por libra", nos dice el estudioso italiano Gianfranco Bardella.

Estos acontecimientos externos-bien lo sabemos-tuvieron su génesis el 24 de Octubre del indicado ano 1929 en lo que dio en llamarse mundialmente el fatídico "Jueves Negro." En efecto, la quiebra de los bancos estadounidenses y de los países europeos causada por el crac de la Bolsa de Valores neoyorquina afecto terriblemente a las subsidiarias del extranjero, a banqueros, contratistas, companias financieras y la inversión privada en su conjunto. Y cual fue la reaccioó? Puede decirse que, en términos generales, la experiencia de la depresión de 1929 prvocó en muchos países reacciones controlistas en el campo económico y estimuló el desarrollo de ideologías nacionalistas, socialistas y totalitaristas, tales como el nazismo en Alemania y el fascismo en Italia.

En cuanto al Perú-dice Margarita Giesecke en su voluminoso libro La Bolsa de Valores de Lima. 140 años de historia, publicado en 1997-, el fin de los préstamos estadounidenses al régimen leguiista destruyó su base económica y en gran medida su estabilidad política. La caída de los precios mundiales agravó los problemas causados por la sobreproducción de materias primas. La quiebra del banco más importante del país (el Banco del Perú y Londres, que colapsó en Octubre de 1930), junto con la falta de liquidez y la contracción de la ganancia, obligaron a los sectores exportadores de la economía a adoptar, una tras otra, medidas desesperadas.

Por otra parte, hubo descenso y cambio em la composición de las importaciones, déficit en el presupuesto, aumento en la deuda, gradual pérdida de oro, enorme fluctuación en los valores, depreciación de la moneda y baja de la producción industrial. Obviamente-concluye Margarita Giesecke- esta coyuntura impactó de igual forma en el ámbito social, generando un inmediato incremento del costo de vida, pérdida de la capacidad adquisitiva de la población urbana, escasez de alimentos, miseria, enfermedades y muerte.

Adicionalmente-como se verá en un próximo capítulo- tres elementos definieron incialmente el escenario peruano afectado por la gran crisis del capitalismo: la desocupación, la redución de los salarios y el auge de los movimientos de masas. Tal vez el caso más palpable y evidente del primer elemento-señala Alberto Flores Galindo en su libro Los mineros de Cerro de Pasco. 1900-1930 editado en 1983- fue el de la minería, donde en el año 1929 laboraban más de 32 mil trabajadores y en el año 1932 apenas algo más de 14 mil; vale decir, una reducción superior al 50%. Según los cálculos de la Junta Pro Desocupados, en el año 1931 existían 13 mil desempleados inscritos, y al año siguiente un poco más de 20 mil. En Lima, la cifra de desocupados para el primer año fue de 5.808 y de 8.737 para el segundo. La paralización de muchas obras (red caminera, por ejemplo) agudizó este malestar.

¿Cuál fue el pico de mayor gravedad que alcanzó la depresión internacional en nuestro país? Todas las evidencias señalan al trienio 1930-1933 como la fase en la que la crisis hizo considerable mella sobre nuestra economiá, afectando sus distintos sectores. No obstante su brevedad en el tiempo(comparativamente con otros países del a región), fueron años de verdaderos reajustes y de angustias económicas, como también de pesimismo y alarma generalizados. Así lo percibió temprano e intuitvamente la Cámara de Comercio de Lima (verdadero termómetro del movimiento económico y financiero de entonces) cuando-en su Boletín correspondiente a enero de 1930-señaló que esa situación no era un simple fenómeno temporal o pasajero, sino que acarrearía diversas y dolorosas consecuencias para la nación y por un tiempo más o menos prolongado.

Dijo: "Frente a nuestro sistema monetario, que aún conserva su solidez, debemos cerrar filas todos los peruanos para evitar que la crisis del cambio en tales circunstancias se convierta en un maestar permanente y ocasione el derrumbe total del país como viene ocurriendo en otras latitudes(...)." De esta manera, a pesar de dicha invocaión, el futuro económico del Perú se vio amenazado; amenaza que pervivió hasta inicios de 1934, cuando el diario El Comercio empezó a hablar de "la leve reacción producida en el Perú." Al año siguiente, el mismo diario señaló: "el movimiento económico y financiero se ha intensificado."

En este contexto, puede asegurarse que hacia fines de 1933 y comienzos del año siguiente, cuando el presidente Benavides imprimió nuevos rumbos a la política interna y externa del país, las cosas empezaron a mejorar de modo visible. Un ejemplo claro de ello fue que, a partir de ese momento, el deprimido mercado de valores comenzó a robustecerse, logrando significativos incrementos en sus percios. Por otro lado, si bien es cierto que los volúmenes y valores de exportación de 1928 recién se recuperaron significativamente hacia fines de 1944, también es verdad que una vez iniciada la recuperación progresiva (1934), esta se mantuvo con una tendencia de crecimiento constante hasta bordear la década de 1950. ¿Las causas? Diversas y de distinta naturaleza.

En primer término, la aplicación parcial y, luego, el abandono definitivo de las medidas recomenadadas por Edwin Kemmerer años atrás; en segundo lugar, la fidelidad peruana al modelo exportador de vieja data; en tercer orden, el desarrollo de una economiá diversificada (algodón, azúcar, lanas, cobre, petróleo, etcétera) que la evitaba depender de un solo recurso; en cuarto lugar, las reglas claras e invariables en el manejo macro de la economía implantadas por dicho gobernante (continuado luego por su sucesor, el presidente Prado); y, en quinto término, la relativa estabilidad política que entonces se vivió, aunque con las consabidas pérdidas de algunas libertades.

Benavides y el formidable desarrollo material del país

El pionero "Plan trienal de caminos." En la primera mitad del siglo XX, dos fueron los gobiernos que se caracterizaron por su enorme y sostenido desarrollo material en el ámbito nacional: el de Augusto B. Leguía (1919-1930) y el Óscar R. Benavides (1933-1939). Con distintos enfoues o incidencias, pero con semejante ímpetu, en ambos casos cuantiosos e ingentes recursos fueron orientados a ese propósito. Y, justo es decirlo, los resultados en su conjunto fueron óptimos y beneficiosos para el país, sin negar algunos actos de velalidad entre los funcionarios responsables de su ejecución (principalmente en el primer momento).

No obstante ser un militar de carrera y haber gobernado con el apoyo excusivo de la Fuerza Armada, Benavides- observa Victor Villanueva- disminuyó los gastos militares del 24,11% al 21% durante su administración, aumentando, en cambio, los gastos destinados a obras públicas sociales. En esto, guardando las distancias del caso, se asemejó a lo que hizo su contemporáneo homólogo Franklin D. Roosevlet en Estados Unidos. Como saldo positivo del régimen militar, además de haber liquidado el conflicto internacional con Colombia, se puede considerar, en primer plano, el establecimiento del Seguro Social Obligatorio, el impulso a la Beneficencia Pública, la instalación de las famosas colonias climáticas, la construcción masiva de viviendas para los obreros, el establecimiento de los refectorios escolares, y los comedores populares (obra iiciada por Sánchez Cerro), a la par que obras públicas y viales a lo largo y ancho del teritorio. Con ello, pretendió, tal vez, imitar a Castilla en sus conquistas sociales, a Balta en su progresista obra de expansión de las vías de comunicación y, quizá, hacerse acreedor al titulo del militar y político venezolano, Antonio Guzmán Blanco, el "Autócrata Civilizador."

Retrospectivamente, son conocidas las condiciones (políticas, económicas, sociales e internacionales) en que halló al Perú en abril de 1933 el entonces general Benavides, cuando-como ya se dijo- sin buscarlo ni desearlo, se le confirió la primera magistratura de la nación en ena de las horas más graves por la que pasó el país en dicha centuria. Sin embargo, en el lapso de esos seis años que duró su mandato (1933-1939) la recuperación del Perú fue evidente en todo el sentido de la palabra. La obra material, ejecuatada "con la Nación, por la Nación y para la Nación", dentro de los postulados de "Orden, progreso y trabajo", fue asombrosamente vasta y significativa. Allí están los caminos que hicieron del Perú un todo geográfico y que son (ayer como hoy) factores incomparables de su unidad nacional; las obras de irrigación en distintos puntos del territorio; la red de magníficos hoteles del Estado, que permitió la organización de una amplia y provechosa corriente turística; la edificación de locales para escuelas y colegios tanto en la zona urbana cuanto en la rural; la construcción de edificios para diferentes ministerios y entidades públicas; la construcción de nuevos cuareles y locales militares en todo el territorio nacional; la construcción del Arsenal Naal, del Dique Seco y del Hospital Naval; la construcción del Terminal Marítimo; la instalación de los servicios de agua y desague en Lima y en las principales capitales de provincia, etcétera.

El voluminoso y profusamente ilustrado libro Progreso del Perú 1933-1939, publicado por la prestigiosa editorial argentina Guillermo Kraft Ltda. en 945, da cuenta en detalle de la obra material realizada por el gobierno de Benavides. De esta amplia gama de realizaciones materiales, la red caminera fue, sin duda, uno de los signos más descollantes y emblemáticos de la administración benavidista. En efecto, Benavides (al igual que Balta en el siglo XIX, con los ferrocarriles) era un convencido de que las carreteras y los caminos representaban no solo los ejes progreso nacional, sino también los "tentáculos de la unión geográfica del país."

Así lo evidenció en uno de sus tantos descursos de entonces, cuando dijo: "¿Cómo llevar la cultura a los pueblos sin las carreteras? ¿Cómo movilizar, sin ellas, el volumen extraordinario de las riquezas naturales del Perú? ¿Cómo forjar, en fin, la auténtica unidad nacional sin resolver previamente el problema de las vías de comunicación?" Bajo este convencimiento, el general progresista esbozó el segundo plan de construcción de carreteras (el primero fue con el indicado Leguía, durante el Oncenio) con el nombre de "Plan Trienal de Caminos." Precisamente, en su Mensaje del 8 de diciembre de 1936 anunciando el inicio de tan magna empresa, ratificó ese viejo y acariciado anhelo: "Desde hace tiempo -dijo- contemplo la realización de un Plan Vial de largo alcance que vertebrará la economiá de la República.

Me propongo reconstruir y mejorar 6.000 kilómetros de carreteras ya existentes y construir más de 3.000 kilómetros de nuevas carreteras, que recorrerán nuestro territorio de Norte a Sur, bifurcándose a las mejores zonas productoras de sus diversas regiones (...). El cálculo del costo de este atrevido Plan Vial se eleva aproximadamente a 50 milliones de soles. Haré que esa suma esté garantizada en su total y oportuna percepción. Por eso no trepidaré en recurrir, dentro de las prudencia y sin acudir al crédito exterior, a cualquier medida que permita realizarlo (...).

Entre las ventajas del Plan Vial que me propongo realizar, forma parte de mi propósito el proporcionar trabajo remunerativo a millares de obreros y a numeroso personal técnico. Casi la totalidad de la suma invertida permanecerá en el país y contribuirá a fomentar la riqueza privada. No tenemos necesidad alguna de recurrir a profesionales, técnicos u operarios extranjeros. Lo hemos comprobado en la Carretera Central, que por su trazado y su construcción puede compararse con las mejores del mundo (...).

En realidad, la gran empresa de construir carreteras (en la costa, en la sierra y en la ceja de selva) fue vigorosamente impulsada desde 1933 y comprendió dos períodos: el de 1933-1936, en que, desde el primero de esos años, se trató de duplicar la obra vial del año anterior; y el de 1937-1939, en que, regulando ese empeño mediante el mencionado Plan Trienal, se logró concluir virtualmente la red básica a lo largo del territorio nacional. El Plan, técnicamente bien estructurado, comprendía dos grandes series de carreteras: la Longitudinal de la Costa y la Longitudinal de la Sierra. La primera comprendía la llamada Carretera Panamericana, trazada, construida y puesta en tráfico (desde Tumbes hasta Arica) antes de que el presidente Benavides dejara el mando.

La segunda, tomando como base la Carretera Central (inaugurada en 1935), tenía como objectivo incorporar vastas zonas del oriente amazónico (ver cuadro de la parte inferior de esta página). Las cifras no incluyen los casi 18.000 kilómetros de antiguos caminos modernizados durante el periódo 1933-1939, ni las importantes pistas interurbanas de la Gran Capital (avenida de la Guardia Chalaca, autopista Limatambo, avenida General Salaverry, avenida Costanera, avenida 28 de Julio, etcétera).

Obviamente, la Carretera Panamericana fue la obra vial más expectante e importnate. Salvo algunos tramos que quedaron construidos en forma muy precaria (como la zona comprendida entre Arequipa y Moquegua), en realidad el sur, hacia 1939, se hallaba unido a Lima. De inmediato se formaron compañias de buses y ya no fue necesario viajar por barco de Matarani a la capital. Antes de la expresada carretera, la costa peruana estaba dividida en norte, centro y sur, porque sus arenales eran, sencillamente, intransitables.

Ahora bien, el extraordinario impulso dado a la construcción de carreteras en el indicado lapso (que llevó a la creación de una "conciencia vial") requirió el empleo de miles de trabajadores (como lo muestra el cuadro de la página siguiente). La maquinaria entonces utilizada fue de última tecnologiá, importándose en cantidades considerables a partir de 1936. Otro factor determinante fue el descubrimiento hecho en el Perú del asfaltado en frío, lo que permitió convertirse en 1939 en el país latinoamericano que, relativamente a su extensión, poseía la mayor proporción de caminos asfaltados.

Por último, cabe aludir a un hecho que en su momento, y después, tuvo enormes implicancias en el desarrollo vial: la Via Libre decretada por Benavides. ¿En qué consistió? De acuerdo con la centenaria tradición fiscal, se había establecido en todo el territorio el cobro del "peaje" en los caminos y del "pontazgo" en los puentes, con su aparato de barreras y garitas. Ello ocasionaba enormes dificultades y complicaciones el el tránsito de grandes distancias. Contra esos obsoletos tributos reaccionó el gobierno.

En mayo de 1936, el activo mandatario envió al Congreso un proyecto de ley, declarando libre el tránsito en todos los caminos y puentes de la República, quedando abolido y prohibido en ellos el cobro de cualquier peaje, pontazgo o impuesto de cualquier naturaleza, sobre el desplazamiento de pasajeros, vehículos, carga y acémilas. Otro artículo de dicha ley disponía que desde el 1 de enero de 1937 se debía dedicar todo el producto del impuesto sobre el consumo de la gasolina a la construcción y conservación de los caminos. Esta ley, aprobada por el Congreso, entró en vigencia inmediatamente. A estos impulsos debe agregarse el debido a la ley que, a partir del 1 de enero de 1938, impuso la Placa Única Nacional de Rodaje, reemplazando a las múltiples placas municipales, con dispares tarifas y cuyo control dificultaba la circulación abierta por la mencionada Vía Libre.

Durante el período 1933-1939, la construcción vial corrió paralelamente con la construcción de puentes. En los tres años y medio anteriores al Plan Trienal de Caminos, se construyó un total de 79 puentes con albañilería de piedra o de concreto, en arco o de vigas rectas, o bien metálicos, con un largo acumulado de 1.515 metros. Y durante la ejecución misma de dicho Plan, tanto el número de los puentes para caminos cuanto su extensión acumulada casi duplicaron esas cifras.

Otro aspecto importante del desarrollo material conseguido durante la administración benavidista fue el relacionado con la infraestructura hotelera. En efecto, comprendiendo el Gobierno la necesidad de fomentar el turismo en el país, apenas puso en marcha el Plan Trienal de Caminos, organizó, por Ley 8708, otro plan para la construcción masiva de hoteles (por cuenta del Estado) en las principales regiones turísticas de la República. En Lima, se llevó a cabo en 1938 la ampliación y construcción de nuevos pisos del Hotel Bolívar (el más importante del país), ubicado en el corazón de la capital (la plaza San Martín). La red hotelera, cuya construcción fue decidida y financiada por el gobierno desde 1937, estaba integrada por 14 hoteles, ubicados en: Tumbes, Piura, Huaraz, Lima, Tingo María, Huancayo, Ayacucho, Machu Picchu, Cuzco, Arequipa, Camaná, Chala, Puno y Abancay.

Finalmente, otro asunto de vital trascendencia llevado a cabo con éxito en el período 1933-1939 fue el de las irrigaciones (encauzamientos, represamientos, canales, pozos, etcétera). Según cifras del Ministerio de Fomento, hacia 1932 existían, teóricamente, 400 mil hectáreas cultivables en la franja costeña (que en realidad no pasaban de la mitad, salvo en esporádicos años de gran avenida de los ríos); estas quedadron, desde 1939, con riego seguro y permanente. Una prousa relación de las principales obras de irrigación y encauzamiento se consigna en el libro antes mencionado de 1945. Los deparatamentos más beneficiados fueron: Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad, Lima, Ica, Arequipa, Moquegua, Tacna, Junín y Ayachucho.

La dinámica del mercado interno y la afluencia masiva del capital extranjero. Corolario de las medidas antes descritas llevadas a cabo durante el período 1933-1945 fue, sin duda, el ingreso considerable de dinero fresco vía inversiones. En efecto, enorme trascendencia tuvo la abundancia de capitales que, unos inmigrados de Europa (por el pánico de la guerra) y otros repatriados (por la confianza en la economía interna), inundaron el mercado de valores de Lima. Pero lo curioso e interesante es que no siempre dichos capitales fueron colocados en los sectores tradicionales de la prducción(agro, minería), sino que en más de una oportunidad se dirigieron a la inversión urbana aparentemente más rentable, segura e inmediata.

Esto-dice Margarita Giesecke- preocupó a los hombres de Bolsa, quienes a lo largo de toda la década (y principalmente hacia finales de esta) sustentaron la importancia del papel que la Bolsa de Valores debiá jugar como generadora de capital para un sólido y expansivo proceso de producción convencional. A la vez -de acuerdo con lo que se lee en la Memoria de dicha entidad correspondiente a 1940- consideraron primordial "la atracción y el mayor apoyo del capital norteamericano" como factor indispensable para un efectivo fomento de la producción y para el consiguiente equilibrio de la balanza comercial.

A pesar, pues, del conflicto europeo y de un fuerte terremoto ocurrido en la capital en 1940, que tuvo consecuencias desastrosas, la precepción de los hombres de Bolsa- observa la mencionada historiadora- fue que el país continuaba desenvolviéndose de manera ascendente, con ritmo stisfactorio. En efecto, a fines de 1941 las alteraciones en el mercado mundial a causa de la confflagración seguían sin modificar el balance favorable de la economía peruana.

El mercado estadounidense aumentó en demanda y esto, obviamente, incrementó el volumen exportador y estimuló la producción interna. El capital privado amplió su potencialidad económica y se dirigió a fomentar la industria y nuevas facetas comerciales, así como a "sostener la demanda constante de inversion en el mercado bursátil"(Memoria de la Bolsa de Valores, 1941). Al año siguiente, el mercado de valores continuó el alza y nuevos factores coadyuvaron a afianzar el ritmo ascendente que venía caracterizando a las transacciones bursátiles.

Poco antes del inicio de la contienda bélica -según lo ya dicho- destacó la importancia de la presencia de capitales foráneos que fueron colocados, primordialmente, en propiedades rústicas y urbanas, y con "ansias de inversión bursátil sin límites", sobre todo "en cédulas hipotercarias del Banco Central Hipotecario del Perú, pero también en acciones mineras" (Memoria, 1943). De este modo, al vaivén de una doble coyuntura (un Estado reforzado en su dinámica interna y un capitalismo emergente) el manejo económico del país retomó aquel impulso de la década de 1920, claro está que con características y proyecciones diferentes. Algunas de sus maifestaciones más relevantes se examinan en las páginas siguientes.

Referencia

  • Rodríguez Palacios, Raúl: Historia de la República del Perú 1933-2000. Lima: El Comercio, 2006