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Cronistas
De Wiki Sumaq Peru
Inca Garcilazo de la Vega
Escritor e historiador peruano.Nació en el Cuzco en 1539. Era hijo del conquistador español Sebastián Garcilaso de la Vega y de la princesa incaica Isabel Chimpo Ocllo. Gracias a la privilegiada posición de su padre, que perteneció a la facción de Francisco Pizarro hasta que se pasó al bando del virrey La Gasca, el Inca Garcilaso de la Vega recibió en Cuzco una esmerada educación al lado de los hijos de Francisco y Gonzalo Pizarro, mestizos e ilegítimos como él.
A los veintiún años se trasladó a España.Tras la llegada a España realiza varios recorridos para conocer familiares (Sevilla, Badajoz, etc...) hasta llegar a Montilla, donde su tío Alonso de Vargas se convierte en su protector. Ese mismo año viaja a Madrid para obtener de la Corte el reconocimiento de los méritos y derechos de su padre, sin conseguirlos. Con el grado de capitán, participó en la represión de los moriscos de Granada, y más tarde combatió también en Italia, donde conoció al filósofo neoplatónico León Hebreo. En 1568 se alista en el ejército para combatir el levantamiento de los moriscos en Las Alpujarras y obtiene el grado de Capitán. Tras este episodio de armas, en 1570, se refugia en Montilla. Su tío ha muerto, ha dejado varios privilegios y una situación económica desahogada que le permiten disfrutar de su retiro en Montilla y de una vida en la que va aprevalecer desde entonces el discurso de las letras. Traduce del italiano en esos años una de las obras principales del neoplatonismo, Los diálogos de amor de León Hebreo, que aparecerá en 1590 en Casa de Pedro Madrigal, el impresor madrileño. Gómez Suárez de Figueroa estaba subrayando así, ya desde el título, su mestizaje: su condición de Indio y los apellidos de su padre, de amplia tradición castellana, funden, también en su nombre de autor, Garcilaso de la Vega el Inca, sus "dos mitades" de mestizo orgulloso de serlo. Será precisamente la reconciliación de esos dos elementos dispares, de esos dos mundos, lo que constituya el proyecto obsesivo del Inca Garcilaso. El trasfondo de ese proyecto era, ante todo, un acto de afirmación personal: dotar a su vida -que el destino quiso compuesta por dos mitades- de solvencia histórica y legitimidad cultural. Pero, por encima de esta inauguración de su discurso del mestizaje, la traducción de los Diálogos de amor es significativa porque en el neoplatonismo de León Hebreo, en su armonioso despliegue metafísico y en esa fusión por amor de las dos partes separadas del ser, que tiene su expresión mejor en el diálogo tercero, encuentra Garcilaso la estructura intelectual básica de su obra y, además, una respuesta para su problemática personal: es la tensión interna que provoca su condición de mestizo frente a la conquista lo que los Diálogos de León Hebreo le ayudan a resolver.
El equilibrio neoplatónico de clara raíz renacentista es el modelo perfecto para sus intentos por explicar (y equilibrar) un proceso histórico problemático que el Inca sintió como parte integrante de su identidad. Con esa traducción, Garcilaso estaba reconstruyendo un sentido intelectual para la Historia y para su propia historia. La teoría del amor como fuerza cósmica unitiva le permite configurar una reinterpretación neoplatónica de la conquista del Perú en términos que rebasan ampliamente lo histórico y se acercan a lo mítico: el descubrimiento y la conquista de América son para él la realización, en el amplio panorama de la Historia, de una unión amorosa entre el Nuevo y el Viejo Mundo; una muestra más del poder reconciliador del amor como fuerza universal. La conquista y el mestizaje resultante (él mismo, por lo tanto) serían el ejemplo evidente de esa unión amorosa universal.
Nada impedía al Inca reconocer que la conquista fue en realidad una tragedia, y así lo declaró al final de su obra, pero quizá por ser parte directamente implicada prefirió quedarse con una visión idealizada de la historia, en la que la nota predominante es la unión de dos culturas diversas por un lazo de amor: algo así como un mestizaje universal previsto desde siempre.
Durante esos años también, en la aldea de Las Posadas se reúne con Gonzalo Silvestre, que había estado con Hernando de Soto en la conquista de la Florida y comienza la escritura de La Florida del Inca , obra que es una crónica de aquel episodio de la conquista en cuya escritura vierte Garcilaso toda la fundamentación filosófica de la historiografía medieval, aún vigente en su época, pero se inclina hacia el ideal "artístico" (fusión de historia y ficción, por ejemplo) que postulaba la historiografía renacentista.
En 1588 se traslada a vivir a Córdoba y entra con órdenes menores al servicio de la Iglesia. Son los años de contacto con los círculos del humanismo cordobés y los de escritura de la que sería su obra fundamental, los Comentarios Reales de los Incas (1609). Reúne entonces también una copiosa biblioteca que da cuenta de su formación: Garcilaso es un renacentista tardío -estamos en el período historiográfico que conocemos como barroco- que tiene la cultura europea y la española como referentes, junto a la propia originaria, y es también un curioso indagador en la Historia de América y del Perú. Entre los ejemplares de su biblioteca, desaparecida tras su muerte, anota un ejemplar de la Historia de las Indias de Francisco López de Gómara discutiendo en esas anotaciones el rigor del cronista español. En 1593, seguramente para que sirviera de prólogo a La Florida, escribe La Relación de la descendencia de Garci Pérez de Vargas, material que conservamos manuscrito en el que reivindica su ilustre genealogía española y también, orgullosamente, la incaica. En 1605 publica en Lisboa en la Portada de la segunda edición de Historia General del Perú (1617) Imprenta de Pedro Crasbeeck La Florida del Inca. En 1606, en la misma imprenta, los Comentarios Reales, en donde hace un recorrido por la historia del Incario hasta la llegada de los españoles: hay en esta obra una reivindicación del pasado de su pueblo, construida desde la idea neoplatónica de fusión con el pueblo conquistador, mediante un recorrido por sus acontecimientos, mitos, poemas, ritos y tradiciones que convierten el Incario en una utopía realizada y localizable, diseñada de acuerdo con las coordenadas de las utopías renacentistas. En los últimos años escribe una obra que aparecerá póstuma en 1617, la Historia General del Perú (segunda parte de los Comentarios Reales), que reconstruye la historia desde la llegada de los españoles.
En 1612 Garcilaso compra la Capilla de las ánimas en la Catedral de Córdoba, donde quiere ser enterrado, y fallece cuatro años después, entre el 22 y el 24 de abril de 1616 como fechas probables. En aquella Capilla de las ánimas sus albaceas grabaron esta lápida: El Inca Garcilaso de la Vega, varón insigne, digno de perpetua memoria. Ilustre en sangre. Perito en letras. Valiente en armas. Hijo de Garcilaso de la Vega. De las Casas de los duques de Feria e Infantado y de Elisabeth Palla, hermana de Huayna Capac, último emperador de las Indias. Comentó La Florida. Tradujo a León Hebreo y compuso los Comentarios reales. Vivió en Córdoba con mucha religión. Murió ejemplar: dotó esta capilla. Enterróse en ella. Vinculó sus bienes al sufragio de las ánimas del purgatorio. Son patronos perpetuos los señores deán y Cabildo de esta santa iglesia. Falleció a 22 de abril de MDCXVI.



