Cerro San Cristóbal

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Un poco de Historia

Vista de Lima y el Cerro San Cristóbal, a lo lejos

San Cristóbal es conocido como el protector de los caminantes. Ricardo Palma en sus Tradiciones Peruanas lo calificó como un cerro con mucha historia. El escritor relata que luego de la fundación de Lima, allá por 1536, 25 mil hombres, al mando del cacique Túpac Yupanqui, llegaron del Cusco con el afán de expulsar a los conquistadores de Lima.

Los españoles se encomendaron a San Cristóbal para que los adversarios no pudieran cruzar el río, y así fue. La misión fracasó, y el 14 de setiembre, fiesta de la exaltación de la cruz, los indios se retiraron del lugar.

Fue entonces que Francisco Pizarro y una comitiva se dirigieron al cerro y lo bautizaron con el nombre de San Cristóbal.Se colocó una cruz de madera y se ordenó la edificación de una capilla.

Más tarde, en 1746 un terremoto destruyó la cruz e inmediatamente fue reemplazada por una de hierro que se deterioró con el paso de los años.

Pero la historia no queda allí. En 1927 el padre español Francisco Aramburú, religioso del Convento de los Descalzos levantó una nueva cruz de hierro y cemento de 20 metros de altura totalmente iluminada. La cruz fue inaugurada por el entonces presidente Augusto B. Leguía el 23 de diciembre de 1928, y desde 1929 se programaron peregrinaciones a la cumbre.

Pizarro, el primer devoto

En 1536 --cuenta la leyenda-- Pizarro y sus huestes, que solamente eran 500, se enfrentaron a 25 mil guerreros nativos, quienes planeaban tomar el centro de la ciudad. Sin embargo, cada vez que intentaban cruzar el río Rímac eran arrastrados por la corriente y morían ahogados. Sin aparente causa lógica, la mañana del 14 de setiembre, día de la fiesta de la Exaltación de la Cruz, los guerreros emprendieron la retirada.

¡Milagro de San Cristóbal!, gritaron los españoles. Después organizaron una romería hacia la cumbre del cerro, donde se construyó una capilla y se colocó una enorme cruz de madera. El terremoto de 1746 destruyó la capilla. Durante el gobierno del presidente José Balta, esta cruz fue sustituida por una de encajes de fierro colado.

La luminosa cruz de 20 metros, que en la actualidad se ve desde cualquier punto del Centro Histórico, fue inaugurada y bendecida el 23 de diciembre de 1928. El artífice de esta obra fue el párroco Francisco Aramburú, del convento de Los Descalzos. Cuentan que una noche tuvo un revelador sueño, y como era amigo del presidente Augusto B. Leguía le contó a éste los detalles del sueño. "Desde la celda he visto totalmente iluminada la cruz del cerro", le dijo en la mañana siguiente.

El primer mandatario dispuso inmediatamente colocar en la cumbre del cerro una cruz de 20 metros de altura, provista de 22 potentes focos, pues planeaba convertirlo en el mirador más alto de Lima. Cada primer domingo de mayo. Si antes de la conquista los antiguos peruanos ascendían a la cima para llevar ofrendas y sacrificios a sus dioses; los españoles y misioneros lo hacían rezando el Vía Crucis y rememorando las estaciones de Jesús.

Esa tradición la siguen hasta ahora los religiosos del convento de los Descalzos durante el primer domingo de mayo. El párroco Francisco Aramburú organizó en 1929 la primera peregrinación a la cruz de San Cristóbal que se mantiene hasta hoy.

En 1870 Benjamím Vicuña Mackena soñaba convertir este lugar en un exclusivo paseo ideal, sólo a comienzos del siglo XX se iniciaron las primeras obras al construir escalinatas y senderos. Desde entonces, éste ha ido sumando atractivos hasta llegar a concentrar múltiples actividades culturales, deportivas y de esparcimiento familiar.

En la cumbre del cerro San Cristóbal, se impone la figura de la Virgen de la Inmaculada Concepción (14 metros de altura y 36.600 kilos), obra inagurada en 1908. Bajo esta imagen, en la terraza de Bellavista, la vista panorámica de la cuidad de Santiago es simplemente espectacular.

El funicular fue inagurado el 25 de Abril de 1925, su diseño mecánico excepcional, es la razón que se mantenga hasta la fecha en óptimas condiciones el año 2000 fue nombrado Monumento Nacional. En tanto, el Teleférico, fue inplementado durante 1980 y posee una capasidad para cuatro personas en cada cabina. Su recorrido es de dos mil metros.

Localización

El cerro San Cristóbal está ubicado a 400 metros sobre el nivel del mar y brinda a sus visitantes la posibilidad de contemplar Lima de una sola mirada. Cuando el cielo está despejado se observa hasta las playas de Chorrillos y La Punta, y la isla San Lorenzo. De noche impresiona la cruz luminosa de 20 metros de altura, que, imponente, custodia a los limeños desde hace 71 años, y puede ser divisada desde las vías que atraviesan la capital.

Muchos aseguran que es milagrosa, y realizan concurridos peregrinajes en Semana Santa y el primer domingo de mayo. La policía turística y los soldados, que custodian las 24 horas del día, son los responsables de proporcionar seguridad. Las unidades móviles, denominadas "urbanitos", efectúan por dos dólares un recorrido turístico hasta el cerro. Parten de la Plaza de Armas, pero sólo los fines de semana y feriados, que es cuando acuden más visitantes a este punto de Lima.

Museo de Sitio

Se encuentra ubicado en la cima del Cerro “San Cristóbal”, en el Rimac, cuyos principales atractivos consisten en la vista panorámica que nos ofrece, desde arriba, de Lima; y la imponente cruz que se alza como supremo guardián de esta ciudad. La obra fue inaugurada por el Presidente Constitucional de la República, Ingeniero Alberto Fujimori Fujimori, el 25 de marzo de 1997.

Dentro de la importante documentación histórica con la que cuenta el museo, se encuentra la historia de la Cruz y del Cerro, así como una exposición fotográfica de la Lima de ayer, con fotos inéditas de principios de siglo, donde se incluyen las fotos de los dos grandes gestores de la Cruz, los Padres Francisco Aramburú y Francisco Javier Ampuero.

Asimismo, se observa una fotografía de pared a pared de la Lima de noche y algunos maniquíes que representan al velero (vendedor de velas de antaño), la chichera, la tapada, entre otros.

El museo cuenta con una importante colección de fotos de antaño, tomadas a comienzos de este siglo por fotógrafos como Courret, Garreud, etc. Entre ellas, se observan vistas de la Plaza San Martín, Malecón Leguía, Catedral de Lima, Palacio de Gobierno, estatua ecuestre de Pizarro ubicada inicialmente en el ingreso a la Catedral de Lima (1930), el Convento de los Descalzos de Lima, Claustro de la Casa de Ejercicios, Capilla del Carmen, entre otras.

Asimismo, se ven placas fotográficas donde se han plasmado para la posteridad conocidos lugares del Callao, Barranco, Chorrillos y otros distritos de la gran Lima.

La Cruz de Cerro San Cristóbal

Cruz del Cerro San Cristóbal

A poco de fundarse la capital española del Perú, altiva ciudad de los Reyes, los castellanos colocaron una gran cruz de madera en el cerro más próximo de cuantos circundaban la ciudad. Esta primera cruz del San Cristóbal, fue destrozada por soldados incaicos durante el transcurso del cerco de Lima en 1536; bajo la advocación del Sol y de las divinidades tutelares del Tahuantinsuyu.

Fue por estos días que, entusiasmado Manco Inca con los rotundos triunfos obtenidos por sus fuerzas armadas sobre varios ejércitos españoles, decidió dar la orden de avanzar sobre Lima. Encomendó esta campaña costeña a uno de sus más valerosos capitanes: Hanancuzcos, quien ya había destacado en el sitio del Cuzco como esforzado adalid.

Titu Yupanqui era representante real en el ejército, que marchó sobre las regiones yungas del litoral.

Impartida la orden por el monarca rebelde desde Ollantaytambo, partió de allí un ejército cuzqueño con la misión de arrojar al mar a los españoles. Mientras tanto, habría de continuar el cerco del Cuzco, donde resistía heróicamente Hernando Pizarro, con cerca de doscientos españoles reforzados con el concurso de los aliados chachapoyanos y cañaris.

Tras vencer las resistencias iniciales, las huestes cuzqueñas descendieron a los llanos, poniendo asedio a a la Ciudad de los Reyes.

Por varios días se libraron combates caros en vidas para los dos bandos; defendiendo unos la plaza; pugnando los otros por tomarla. Y cierto día, –cuentan viejas crónicas escritas en ese tiempo–, "amanecieron los indios más cerca, en una sierra grande, que estaba de ellos cubierta, que cosa de ella al parecer no se divisaba, de donde quitaron e hicieron pedazos una cruz grande de madera que estaba puesta en lo alto a la parte del camino que va a la mar y al puerto".

Cerro San Cristóbal de noche

Gran impetuosidad predominaba en las filas incaicas; y decidieron pasar al ataque final, quitado ya el símbolo protector de los cristianos. Pero en el combate, librado en lo bajo del valle y en las mismas calles de la capital, perecieron todos los principales cuzqueños, a tiros de fuego y a filo de espada. Vano era el intento de enfrentar la piedra al hierro y la flecha a la pólvora; y peor aun la infantería ligera a la caballería semipesada. Muertos sus capitanes, se retiraron los incaicos, aunque manteniendo el cerco desde las alturas abruptas.

Los españoles contaron inicialmente con cuatrocientos hombres; de ellos, doscientos de caballería. Pronto se recibió en Lima, trescientos hombres más de refuerzo. Y desde un principio combatieron al lado de las mesnadas conquistadoras, varios miles de indios auxiliares, cristianos en buena parte y enemigos encarnizados de los cuzqueños, "los cuales, haciéndoles espaldas a los españoles, peleaban muy bien y era causa de reservarse de grandísimo trabajo los caballos, porque de otra manera no lo pudieran sufrir".

A poco de romper del todo el cerco de Lima, se libraron las furiosas batallas de Pachacamac y de Rumichaca; que costaron al bando ibérico, decenas de vidas castellanas, muerte para incalculable número de indios aliados y de esclavos negros; así como crecida cantidad de caballos. Para entonces ya Francisco Pizarro, pasado el peligro inmediato de asalto a la ciudad, y aprovechando las sombras de la noche, había dispuesto que en la cumbre "se ponga en él, otra cruz como la que los indios quitaron".

Pronto se bautizó aquel cerro con el nombre de San Cristóbal(*), porque en su día se ganó. E inspirados en esa cruz, los cristianos, no mucho después, habrían de arrollar a las valentísimas tropas indígenas ante los asombrados pontífices incaicos que no se resignaban a ver cuán inútiles eran sus preces y maldiciones.

Referencias


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