Alfonso Ugarte

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Nacimiento y educación

Alfonso Ugarte

Alfonso Ugarte nació en Tarapacá el 13 de Julio de 1847, sus padres fueron Don Narciso Ugarte y Doña Rosa Vernal, siendo adolescente su madre lo envía a estudiar a Valparaíso (Chile) donde recibe una esmerada educación. En 1868 culmina sus estudios y retorna al país, instalándose en Iquique, donde se dedica al comercio.

La guerra se inicia

Precisamente, para descansar de los negocios, el joven Ugarte, que había llegado a ser alcalde de Iquique en 1876, se disponía a tomarse unas vacaciones en Europa, cuando le llegó la noticia de que Chile le había declarado la guerra al Perú.

No dudó un momento en suspender su viaje. Con sus propios recursos organizó el batallón Iquique N° 1, del que fue nombrado coronel, y se aprestó para la lucha. Participó, el 19 de noviembre de 1879, en la batalla de San Francisco; también en la retirada hacia Tarapacá y en la batalla de este nombre el 27 de noviembre, en la que recibió una herida en la cabeza. Asignado a la guarnición de Arica, senegó a abandonar su puesto no obstante padecer de fiebres.

Luego de la derrota del Alto de la Alianza, el 26 de mayo de 1880, y ocupada Tacna, Arica quedó como único bastión peruano en el sur. Alfonso Ugarte comandaba la octava división, compuesta por 529 hombres distribuidos en los batallones Iquique y Tarapacá, este último al mando del teniente coronel Ramón Zavala, joven de 27 años y rico salitrero, quien, al igual que Ugarte, había armado esa tropa a su costa. Durante los días previos a la batalla, la atmósfera en la sitiada guarnición era tensa, pero decidida, incluso cuando ya se sabía que el tan esperado auxilio no acudiría.

Alfonso Ugarte no se hacía ilusiones; el 5 de junio le escribió a su primo Fermín Vernal: "Estamos resueltos a resistir con toda la seguridad de ser vencidos, pero es preciso cumplir con el honor y el deber".

La octava división debía defender el sector norte, por donde se esperaba el asalto chileno, pero cuando se vio que el principal ataque venía del este, Alfonso Ugarte recibió órdenes de reforzar ese flanco. El enemigo, sin embargo, ya había avanzado demasiado y sólo unos pocos defensores pudieron replegarse hacia el morro.

La muerte del Coronel Alfonso Ugarte: 7 de junio de 1880

“...Yo, el abajo suscrito Alfonso Ugarte, hago mi primero y quizás último testamento, con motivo de encontrarme de Coronel del Batallón Iquique de la Guardia Nacional y tener que afrontar el peligro contra los ejércitos chilenos, que hoy invaden el santo suelo de mi Patria, y a cuya defensa voy dispuesto a perder la vida con la fuerza de mi mando...(Extracto del testamento del Crl. Alfonso Ugarte).”

Escribe el diplomático peruano Juan del Campo Rodríguez en su Batallas legendarias del Perú y del mundo: “La leyenda romántica y patriotera presenta falsamente al coronel Alfonso Ugarte Vernal arrojándose bandera en mano, sobre un blanco caballo, desde la cima del morro hacia el mar. Todo indica sin embargo, que el coronel Ugarte murió cerca a Bolognesi, casi al final de la batalla, en la cima del morro, cuando las fuerzas peruanas sobrevivientes fueron superadas tras una violenta lucha sin cuartel que fue testigo de la valentía y la determinación de éste extraordinario hombre...” En efecto, a la luz de algunas fuentes poco difundidas sobre la muerte del coronel Ugarte no podemos sino estar de acuerdo con lo dicho por el aludido diplomático.

Al respecto, el ariqueño Gerardo Vargas Hurtado nos informa en su conocida obra La Batalla de Arica (1921): “No habían transcurrido quince días de la ocupación de Arica por las armas de Chile, y ya el autor de estas líneas, acompañado de sus padres, regresaba a este puerto, procedente de Tacna, a donde nos habíamos dirigido huyendo de los diarios bombardeos de la escuadra chilena. Desde el primer instante de nuestra llegada oímos narrar la muerte del valeroso tarapaqueño en la misma forma en que lo han hecho los historiadores imparciales. Recordamos con este motivo –como deben recordarlo, también, los ariqueños que sobreviven de esa época- haber visto la osamenta de un caballo desbarrancado La misma versión se lee en la Historia del Perú de Markham: “Ugarte murió precipitándose desde el Morro; y aunque su desconsolada madre ofreció una fuerte suma porque le trajeran, aunque fuesen sus arreos militares, nada pudo encontrar”.

Por su parte, Jorge Basadre recogió las siguientes informaciones de la época. En principio, un telegrama oficial fechado en Quilca el 15 de junio de 1880 que enlazaba los datos suministrados por el vapor inglés Columbia, que acababa de llegar del Sur: “El coronel Alfonso Ugarte, como los demás, no quiso rendirse y, habiéndosele acabado la munición, echó mano de su revólver, empleando bien sus tiros; pero como fue acosado por gran número de chilenos, pereció al fin en un caballo blanco”. Otra información que resalta el historiador tacneño es un artículo de La Patria de Lima, del 21 de junio de 1880: “El último acto de la corta pero interesante carrera de Alfonso Ugarte revela cuanto era capaz esa alma verdaderamente grande. Acosado por innumerables enemigos, vencido ya en la cumbre del Morro histórico, presenciando la mutilación de los caídos, la profanación de esas reliquias sagradas del heroísmo, quiso sustraerse a las manos enemigas y clavando las espuelas en los ijares de su caballo, se lanzó al espacio desde aquella inmensa altura para caer despedazado sobre las rocas de la orilla del mar”.

Es sencillo reparar en lo que adolecen las versiones citadas: no se apoyan en fuentes oficiales (partes de guerra) o al menos en alguna "no oficial" identificada con claridad. Todas provienen en mayor o menor medida de rumores, trascendidos, o de una especie de "tradición popular". Vargas Hurtado, por ejemplo, apuntala su relato con los precarios; "oímos narrar" o "se decía". Con todo, la imagen del coronel Alfonso Ugarte lanzándose al vacío envuelto en la bandera nacional se impuso y conspicuos historiadores -como Rubén Vargas Ugarte o E. H. Ortega- simplemente la repitieron sin verificar o indagar por documentos o testimonios que pudieran respaldarla, para enmendar así, la incuria de anteriores colegas. En el curso de esta mera reiteración de dicha versión, Eduardo Congrains Martín fue mucho más allá en la segunda parte de su Batalla de Arica, y cayendo en la tentación de la historia novelada refirió:

"...la soldadesca que remataba a los heridos no pudo detener a Alfonso Ugarte quien arrolla cuanto obstáculo se le presenta y llega hasta la bandera, que había quedado sin defensores, y, como para demostrar que no por haber matado a éstos se les había vencido, la arrebata y emprende una huida que no es la del cobarde, hacia la salvación, sino la del héroe, hacia la gloria. Sin dudas ni titubeos, y prácticamente envuelto en la enseña nacional obliga a su fiel caballo a dar el último salto de su vida y desde lo alto del farallón rocoso se precipita al rugiente mar. ¡Antes muerto que ver mancillada la bandera peruana!". Para los historiadores y escritores chilenos la popular versión peruana sobre el final de Ugarte es pura invención.

Sirve recapitular que si el valiente patriota peruano habría, muerto sobre el Morro, y si su cadáver no habría sido encontrado luego sobre dicha explanada, es lógico pensar que su cuerpo pudo correr la misma desgraciada suerte de los cadáveres de otros peruanos que fueron precipitados al mar desde la cima del Morro. Apelaremos a la valiosa información que al respecto se consigna en el libro que la comisión permanente de la historia del ejército del Perú publicara con motivo del centenario de la batalla de Arica. En ese volumen, Manuel Zanutelli R. noticia:

“Por decreto del 3 de junio de 1890, el gobierno del general Andrés A. Cáceres, dispuso que fuesen conducidos a Lima los restos de quienes habían sucumbido en Angamos, San Francisco, Tarapacá, Alto de la Alianza, Arica y Huamachuco. Con ese fin viajó al sur el crucero Lima (...). El Lima levó anclas de nuestro primer puerto el 15 de junio de 1890, con dirección a Chile, comandado por el capitán de navío Ruperto Alzadora. El 27 le entregaron en Valparaíso los restos de Grau y al otro día emprendió el regreso; con él viajaba el crucero chileno Esmeralda (...). Vinieron caleteando: Antofagasta, Mejillones, Iquique, Arica. Arribaron al Callao el día 11 (...). El cadáver de Ugarte fue reconocido por don Carlos Ostolaza, quien había sido enviado especialmente para esa tarea (...). En el diario El Callao del 07.07.1890 y en La Opinión Nacional del 11.07.1890 se expresaba que en el cementerio de Arica el comisionado señor Ostolaza, indicó el nicho donde existen depositados los restos de Alfonso Ugarte.

Descubierto el ataúd, se encontró grabada en la tapa la siguiente inscripción: Alfonso Ugarte. Dentro del cajón sólo existe un costado del cuerpo, única parte de él que se encontró al pie del Morro y que fue reconocido por un calcetín que llevaba puesto con sus iniciales. Al encontrarlo, el señor Ostolaza lo envolvió en una sábana depositándolo en tal estado en el ataúd en que hoy se encuentra”. A manera de colofón, basta con afirmar que el cuerpo identificado hacia 1890 como el de Alfonso Ugarte, y que fuera traído a Lima y depositado años más tarde en el mausoleo familiar que levantó su madre, se trasladó no hace mucho a la Cripta de los héroes de la guerra del 79, y allí reposa, en el tercer nivel dentro de un sarcófago

Referencias

  • www.ugartinos82.galeon.com
  • www.letras-uruguay.espaciolatino.com
  • www.unjarochoenlima.blogspot.com